Kraken o la ética del rock

Elkin Ramírez (1962 - 2017)
Elkin Ramírez (1962 – 2017)

Por L.C. Bermeo Gamboa

Hace mucho, en una taberna ya legendaria de este pueblo, entre su selecta colección de discos compactos, permanecían dos álbumes que hicieron escuela en toda una generación de rockeros yumbeños. El primero era una recopilación que, gracias al talento publicitario, se llamó como una ecuación básica de matemáticas: Kraken I + II (Codiscos, 1993), el segundo ya mejor presentado y con un sonido superior, tenía este merecido título: Una leyenda del rock (Codiscos, 1999). No creo exagerar si digo que esas 21 canciones fueron el manifiesto para la juventud de aquellos años, quienes coreaban Muere Libre o Frágil al viento a todo pulmón, con más convencimiento que un obrero entonando La internacional frente al cadáver de Lenin.

Empezaba la década del 2000 y el rock nacional estaba más vivo que nunca, para entonces Kraken (1986) llevaba 15 años de honrosa carrera musical y su líder, Elkin Ramírez de 38 años, un gentleman antioqueño con un impresionante talento vocal, se había convertido en el paradigma del rockero colombiano.

Fue a las 4:00 PM del 2 de Octubre, un sábado del 2004, cuando las altas puertas del estadio Municipal Güachicona se abrieron a los jóvenes que aquel año asistirían al primer concierto de Kraken en Yumbo. Horas antes, durante la prueba de sonido, cuando Afsgard, una de las bandas teloneras, ensayaba su versión de Breaking the Law, el clásico de Judas Priest, Elkin Ramírez salió como imantado de su camerino y pidió el micrófono para cantarlo él mismo. Más de 3000 personas vieron, y para decirlo en términos ortodoxos, escucharon el rugido del Titán aquella noche. Se trató de un hito en la historia cultural de este pueblo cuyos gustos musicales, hasta entonces, eran monopolizados por lo que se escuchaba, cuando no era plomo, en una discoteca de moda, o por un balneario que reproducía lo que pegaba en Cali y, cómo no, por la carrilera en cantinas de parques y galería. Podemos afirmar que existe una tradición rockera en Yumbo, antes y después de Kraken, un legado que continua.

Un año más tarde, en 2005, Elkin Ramírez visitaría Yumbo y se quedaría por unas semanas, lo que propició un contacto directo con sus seguidores, entablando una amistad permanente con la juventud, por esos días era común verle caminar por el parque Belalcázar “con su pelo en hombros”, altas botas y pantalones de cuero. Desde luego “a nadie le importó”, excepto al público rockero que lo buscaba y “se sentaba a escuchar lo que pensaba”, como una tarde que terminó oyendo el Réquiem de Mozart, leyendo poesía y cantando a los Beatles en casa de unos amigos. Y como Titán que se respete, ruge dos veces. Después “pasó el tiempo” y en el 2014 se dijo “ha regresado”, para un  reencuentro con los rockeros de siempre, ya maduros, conociendo a los más jóvenes, y realizando el segundo concierto en la plazoleta Municipal con más de 2000 personas presentes.

Para un pueblo como Yumbo, en sus reducidas proporciones, estos acontecimientos son prueba de que la cultura rockera nacional ha influido profundamente en los jóvenes de ayer y de hoy que siguen manteniendo viva la llama rock.

En esos dos discos, joyas perdidas de Merendero, estaba toda la ética que necesitábamos saber y necesitamos aún aplicar, basta escuchar algunas de esas lecciones libertarias que Elkin Ramírez, como un sabio socrático del tercer mundo, imparte en sus canciones. Sólo de este modo despertamos; hay que reconocerlo, vivimos nuestra juventud ignorando lo que pasaba alrededor, fuimos inconscientes, ni a la escuela ni a la iglesia les creímos, mucho menos a los que se acercaban en época de campaña, aprovechando nuestros escasos 18,19, o 20 años para que votáramos por ellos. Fue, tenía que ser, alguien digno de nuestro respeto, quien nos llamara al compromiso con la realidad, ni Fernando Savater con su Ética para amador, pudo mejor que la música de Kraken decirle a la juventud yumbeña, y a gran parte de la colombiana, que: “No es un capricho es realidad / si algo quieres tendrás que luchar”.

La obra de Kraken tiene un tópico central que ha desarrollado a lo largo de todos sus álbumes, la opresión social hacia el individuo diferente: “Revolución dicen que soy/ voces de trueno/ pertenecer a lo común debo y no quiero/ solo callar y soportar/ en este infierno llamado así sociedad”.

Y contra la opresión de un sistema inhumano opone la libertad, para que seamos  protagonistas de nuestra propia historia: “No soy real/ Si soy el eco y no el grito”, por eso sus líricas usan un lenguaje simbólico cuyas imágenes más recurrentes son la del fuego liberador: “Pronuncia el nombre eterno, de tu fuego, de tu ser”. Y la imagen del ave que vuela libre: “Avanzarás bajo este cielo/ Mezcla de hombre con espíritu de halcón”.

A pesar de la reiteración a la lucha, la filosofía que subyace en sus canciones es, sin embargo, pacífica. Nunca promueve la violencia, por el contrario, siempre resalta la razón: “Se es libre al momento de actuar con razón”, de manera alegórica y a través de elementos, como los filósofos presocráticos, habla de la persona que busca realizar su ideal en un medio adverso: “No encuentro una salida y me siento morir”, con la angustia del tiempo que se va: “El ayer que ya se fue,/ que jamás regresará haciendo/ distintos huella y camino”.

Elkin Ramírez alguna vez confesó su deseo de que las canciones de Kraken fueran consideradas como poemas, incluso habló de un libro con todas ellas. Y si hacemos el ejercicio de leerlas como tal, comprobaremos que, aún sin la música, conservan esa animosidad característica y sobresalen algunos fragmentos que son de puro estoicismo, como este: “No pierdas ahora la fe, es fácil decir no lo sé./ Mira que el sol, es ave de fuego aún en invierno”. Cercano a este pensamiento de Séneca: “Es una verdadera grandeza tener la fragilidad del hombre y la seguridad de Dios”.

Fragilidad y seguridad son las que en 2015 probaron la resistencia de Elkin Ramírez, entonces tuvo que suspender su proyecto musical para someterse a un delicado tratamiento médico debido a un “edema fibroso en el parietal izquierdo del cerebro”, aún hoy, seguros de su valentía y su recuperación, pero deseando expresarle el más sincero afecto, los fans de todo el mundo le han hecho llegar sus mensajes de fuerza y esperanza. Es por ello, que no podían faltar estas palabras de reconocimiento al maestro, al ilustre visitante de Yumbo, donde permanece su huella imborrable.

Enero de 2017


Tomado de La Cultura de Yumbo

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