Lecturas Perjudiciales

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Dime cómo te burlas y te diré quién eres

In Críticas on 26 septiembre, 2012 at 4:10 PM

(Luciano de Samosata)

Luciano, recreación ficticia por William Faithorne (S. XVII)

Por JA Hernández

 

“Luciano es el despreciador de los despreciadores, el moralista de los moralistas”.

Peter Sloterdijk 

Luciano no era pendejo. Le parecían bobalicones los estoicos pero se moderó con Marco Aurelio. Del emperador prefirió no hablar directamente, y así evitar que cayera en su persona el mal lado de uno de los buenos emperadores. No es relevante si fue de Siria o de otro lugar, en últimas a él sólo le importaba ser griego al modo de Diógenes o Menipo que es en Luciano lo que Sócrates en Platón -un pretexto-.

Recreación ficticia de Menipo por Diego Velázquez (1640). Menipo es uno de los personajes protagonistas de muchos diálogos de Luciano, se piensa que fue un filósofo cínico de la escuela de Diógenes, sin embargo se sabe poco y nada de Menipo, apenas conocemos algo por Luciano.

El siglo II es un periodo en la literatura predominado por la prosa, las obras poéticas son escasas, pocos autores saben reír, pero este presumido que se sabía talentoso se dedicó a escribir diálogos, elogios y defensas. Elogió una mosca y chifló a Zeus. El estilo por encima del argumento es algo viejo. La sociedad romana de la época se vio afectada por la superstición y se practicaban distintas formas de culto que conducían al mismo punto (la credulidad) y es allí donde el autor fija un punto de partida para su  obra.

 Escéptico y corrosivo a la hora de escribir, Luciano no vaciló en burlarse de dioses, poetas, filósofos o políticos. Puede ser este el motivo por el que no se cuenta con registros claros sobre su vida, en ninguna época se ha considerado la burla como un delicado incentivo para mediocres, y Luciano escribía con fluidez y precisión sin dejar a un lado el delicioso arte de la injuria. Si la sociedad le parecía defectuosa, no menos le resultaban los dioses; entendía el Olimpo como un hacedero de familias disímiles que obligadas a eternas uniones incestuosas daban origen a criaturas grotescas. No le importó caricaturizar parte de la cultura griega que tanto apreciaba. El diálogo de los dioses es una pieza divertida en la que se expone a los dioses de la siguiente manera:

 APOLO. — ¿Cómo podríamos explicar, Dionisio, que siendo hermanos por parte de madre Eros, Hermafrodito y Príapo tengan un aspecto externo y una forma de comportarse tan distintas? Porque el uno es muy hermoso, arquero y provisto de una fuerza no pequeña y es dueño y señor de todos; el otro en cambio es afeminado y semihombre y de aspecto ambiguo, no podría distinguirse si se trata de un mozo o de una moza; el tercero es varonil hasta la exageración.

DIONISO. — No hay que extrañarse, pues no tiene Afrodita la culpa de ello sino sus padres que fueron muy distintos; en muchas ocasiones hijos del mismo padre nacidos de un solo vientre resultan el uno varón y el otro hembra como vosotros.

Los motivos para que alguien decida entregarse a las letras varían de un buen autor a otro. En el caso de Luciano los motivos fueron simples y se reducen a dos.

Primero: Finalizados los estudios iniciales debía asignarse un oficio para que el muchacho estudiara. Debía ser un oficio que se aprendiera en corto tiempo y no muy costoso.

Segundo: El tío que era escultor fue elegido por su cuñado para enseñar escultura a su sobrino. Pero lo que condicionó la decisión por las letras y no la escultura fue la golpiza que recibió Luciano a manos de su tío porque no pudo escribir en una plancha de mármol la frase “Si se empieza bien está hecha la mitad”, berreando se devolvió para la casa y le contó a su mamá lo que había pasado. El remedio prescrito por la madre fue una siesta. En el sueño al muchacho se le presentan dos mujeres y cada una lo pretende, cada una lo desea. La primera es la representación de la escultura y la segunda de la retórica. La forma en que Luciano describe a las mujeres es la siguiente:

“Una de ellas era emprendedora, varonil y con el pelo sucio, con las manos llenas de callos y el vestido ceñido, toda cubierta de yeso, como mi tío cuando esculpía las piedras”.

“La otra tenía mucho mejor aspecto; su porte era decoroso, y su vestido bien arreglado”.

Es difícil pensar en que alguien se fijara con interés en la primera mujer. Luciano ya empezaba a concentrarse en la otra. No hace falta mencionar las justificaciones que la escultura dijo para su oficio, la retórica argumenta el porqué debe elegirla a ella de esta manera:

“Si me hicieras caso a mí, en primer lugar te enseñaría muchas obras de los hombres de antaño, te contaré sus maravillosas acciones y sus palabras y te pondré en contacto, por así decir, con toda clase de saberes; y tu espíritu, precisamente lo que es más importante de ti, te lo adornaré con los más numerosos y más excelentes adornos: con sensatez, justicia, piedad, bondad, moderación, inteligencia, constancia, amor por lo bello y pasión por lo más sublime; todo eso es el auténtico puro ornato del alma. No te pasará desapercibido ni lo pasado ni lo que tenga que pasar ahora, sino que incluso podrás prever el futuro en mi compañía, pues, en una palabra, te enseñaré en no mucho tiempo todo cuanto existe, tanto si es divino como si es humano”.

Después de escuchar a la mujer Luciano que era un don nadie decide entregarse a las letras, lo hace con determinación, no importaba las pocas probabilidades de llegar a buen término.

Si usted quiere entregarse a la lectura de un autor alegre y profundo Luciano es una alternativa. Si a usted no le importan esas cursilerías de que un mal tipo que escribía bien no debe ser valorado, lea a Luciano.

Hay tres diálogos que deben ser mencionados para darle a Luciano el valor que tiene como un autor aventajado. Primero está Relatos verídicos una obra que ha sido considerada por algunos como inaugural en la ciencia ficción. No quiero validar ese comentario. Más allá de las embarcaciones que conducen a una isla donde los ríos son de vino, donde las vides son mitad planta mitad mujeres y todo aquel que copula con ellas jamás puede desprenderse del tallo hay también un momento en que toda la acción se desplaza al espacio y se propone que el sol y la luna están poblados y sostienen una guerra desde hace mucho tiempo. Los simbolistas alucinaron, pero Luciano agotó mucho del elemento alucinógeno en este diálogo.

Montaigne en sus ensayos aborda temas variados. Hay ensayos para la cocina y la arquitectura, en Hipias o el baño Luciano se da a un fervoroso elogio de unos baños públicos que han sido construidos y se reconoce la destreza del hombre que traspasa la teoría y se convierte en un sabio por los resultados de su práctica.

Ulises desciende al Hades para consultar a Tiresias y le ofrenda sangre de cordero, no hay ningún gesto de altanería en el héroe, todo debe seguir el orden prescrito. Cuando Menipo muere no lleva consigo la cuota del barcaje y Caronte enloquece por motivo del cínico que propone ser devuelto al mundo de los vivos y en la próxima ocasión se percatará de regresar con el dinero. Dante en la Divina comedia se da un paseo por el infierno, a pesar de que Menipo ya lo había hecho y con la plena aceptación que debería pasar allí la eternidad y la única preocupación manifiesta es: “Por todos los dioses, ¿dónde está Diogenes?” Esto se trata en Diálogos de los muertos.

Robert Graves e Italo Calvino son autores que han valorado la obra de este autor poco mencionado. Luciano como exponente de la segunda sofística habla de cínicos y sofistas como hombres agredidos por la cultura que desde el aislamiento han revaluado el espíritu crítico. Desde Diógenes a Luciano hay casi seis siglos y son ellos dos uno en Grecia y el otro en Roma quienes enseñan que no hay un solo momento donde nada pueda ser sometido al juicio, lamentablemente pertenecemos a una época en que la crítica no es más que una sucesión de favores y mañas, cuando usted conozca un crítico que es aislado y objeto de todo tipo de burla, ese hombre es un santo que pertenece a la casta de Diógenes y Luciano.

JA (Julián Alejandro) Hernández: escritor caleño dedicado a la lectura y la docencia, colaborador de Barbarie Ilustrada.

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