Elogio para lo desconocido – Poemas de Ángela Camila González

Leonard Tsuguharu Foujita (1886-1968) Les Dahlias 1921
Leonard Tsuguharu Foujita  – Les Dahlias (1921).

Elogio para lo desconocido

Las flores del antaño
siguen en el jardín
desbordándose por las piedras
que son iguales al corazón.

Fúnebres pensamientos
volvían con ínfulas
de seguir cuesta arriba
donde todo se nubla
cuando se ama.

Deleznables miradas
despiden bajo la lluvia
ultimando el dolor provocado
y la costumbre de una contingencia.

Y el olvido
fue primavera, venas rotas;
como guardarse el silencio sideral
en los bolsillos.

Encontrar mi lunar
en las cenizas que fosiliza
el viento, es el único recuerdo
de lo que no quiso ser.


El pintor de la línea del Ecuador

Antes, cuando caminaba por la senda
el pintor me cantaba la libertad
lo ilícito de un amor a ciegas.

La brizna recogía el olor a café
junto con los latidos oídos
su anhelo era el firmamento de mis labios
y el puchero de cuando era niña.

Decía ―entonces no vendrás―.
No hubo café, ni corazón.
Solo pensamientos torrenciales
en la risa de un niño
posada en el rostro de un hombre.


El chamán teje mis ojos

Mirar la sofocante luna de alquitrán
para saber que es hora de la huida;
marcando los pasos con la certidumbre
de que no volveré como un pájaro herido.

Las miradas verdes bajo mis ojos
reviran lo que no entiendo
mientras las lenguas callan
desaforadas por la joroba del cielo.

Pienso en llegar intacta
me guio por el olor a mar.
Llevo augurios y un chamán aedo
masticando la coca
que sembraron mis antepasados indios.

No me olvido del olor a ruda
y el árbol de caucho
por el que tanto escapamos.
Hermanos versados con periplos.
Las nanas que tejieron nuestros sueños.
El bautismo junto al fuego
avivan la vida con el movimiento
de los ojos perdidos.


El antiguo reflejo de la ventana

Eran muchas decisiones
para un alma desahuciada.

Abandonar el hombre de las cartas
a la suerte permanente.

Imaginar es mirada que robó el sentido de ser humana.

Vivir con el reflejo prematuro
que alguna vez amé
como una niña quemando sus muñecas.

Eran muchas premoniciones en una sola melodía.
Era ser una anciana sentada
cerca de la ventana
como el reflejo más arcano
mirando irse el tiempo en bicicleta.


DC-3

Otro pintor disemina el recuerdo
Que dejó en los muros de mi cuidad
Borra su nombre
Que estaba recitado para el aturdimiento
¿Por qué fue tan confiado?
¿Alguna vez creyó en lo que pintaba?
Ahora su imagen se contorsiona
Entre las llamas de la noche
Y ese fulgor me salpica de silencio.


Pregúntese ¿Dónde está la lluvia?

Descripción:
Estoy en la orilla del ruido.
El temblor y la insistencia.
Mi corazón con pasos precipitados.
Las nubes y mi tristeza.

La lluvia se apodera del día
y no salen los niños del aburrimiento
a estallar con brinco las lagrimas
a saltar sobre sus restos
donde se puede ver la disolución de su reflejo.

Permanezco lastimada
por esta mujer que derrama el llanto
en la cuidad ocupada
que ignora cada línea se sus palabras
en la cornisa de un balcón
en los paraguas
en el goteo del desagüe
en nuestras miradas.

¿Dónde se esconde el aguacero?
En medio de la neblina con el bosque.
¿Qué es lo que perturba su ánimo?
Acuoso y a veces ácido.

Esta afuera y grita mi nombre
baila en la ventana
para que deje albergar su humedad en mí.

Viene y nos inunda
desfallece, cesa y se va
como lo hacemos todos
cada vez que se asoma
su rostro pálido entre las nubes.


Ángela Camila González Barreto (Cali, 2001): poeta colombiana, ganadora del Concurso de Poesía Inédita de Cali (2017).