No nos ganó Paraguay, perdimos contra nosotros mismos

Por Jeff Márquez

Entonces volvimos a lo nuestro, a lo que, en cierto sentido, significa ser colombiano, si es que significa algo. Resultaría interesantísimo que un, digamos, sociólogo, algún día se lo preguntara: ¿por qué ocurre siempre lo mismo? Se podría decir, insistir, sobre esa idea callejera de nuestro sentimiento de inferioridad, de una carencia en el alma que nos define. Teníamos que ganar frente a un equipo al que ya le habíamos ganado, un equipo en el fondo de la tabla, un equipo que no juega al fútbol sino que patea el balón, y nosotros con Falcao, James, Cuadrado, Cardona, Chará.  Pero no pudimos.

Trato de entender por qué en esos momentos decisivos parece que nos llegara un temblor, la duda existencial, la convicción de que no somos sino colombianos. Podría tratarse de que hemos enfrentado tantas derrotas que ya no creemos que lo nuestro sea la victoria. Podría. Acaso sea que sentimos que lo nuestro son los dramas, las tragedias, un país que quiere matarse por siempre, un país desangrado por corrupciones, un grupo de muchachos que no cree que se pueda hacer lo que parece solo reservado a Brasil o Uruguay o Chile: clasificarse y ya, de local, frente a un equipo que, ya todos los sabemos, solo sabe patear el balón. Y en el momento en que nos sacudimos de eso, en el momento en que nos decimos “bueno, sí, sí podemos meternos de segundos en el Mundial, sí podemos acabar con una guerra de 50 años, sí podemos dejar de ser lo que hemos sido” entonces parece que llega el temblor, el cansancio, que el triunfo nos encandila y dudamos y de pronto todo se derrumba. Y al final queda esa sensación amarga de decir “yo lo sabía, yo sabía que no podía esperar mucho, yo sabía que a nosotros, a Colombia, nos empacan dos goles en 10 minutos, que nosotros, los colombianos, votamos no para parar una guerra, que nosotros, los colombianos, bueno, pues somos colombianos”.

Y queda uno, por ahí, solo, un testimonio de carne de lo que podríamos ser. Le dicen el Tigre. Perdió todo hace cuatro años y ahora, como un héroe griego, anda por el mundo rompiendo récords. Salvo que no logra contagiarnos, salvo que es él solo contra años de historia, contra todos, contra Colombia. No nos ganó Paraguay, no, la poesía barata diría que perdimos contra nosotros mismos: los triunfos nos perturban, no sabemos dejar de ser lo que somos, dejar de ser colombianos.


Tomado de La pecosa fútbol.