Un premio por leer: Manguel

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Alberto Manguel (Buenos Aires, 1948)

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy

El joven escritor de Yumbo, L. C. Bermeo Gamboa, me dio la noticia esta mañana. Alberto Manguel, el escritor que visitó Cali en octubre pasado y pude saludar en persona estrechándole la mano, ha sido galardonado con el Premio Formentor 2017 por su “minuciosa recreación del arte de leer”, dice El País de España.

¿Cuántos libros habrá leído Manguel desde que de niño estudiaba en Buenos Aires en el Colegio Nacional y su institutriz lo paseó por cuantas librerías había en el Viejo Mundo? La pasión continúa y tiene a su disposición todos los libros de la Biblioteca Nacional de Buenos Aires donde reina como Hipatia en Alejandría.

A Manguel lo conocí por una reseña que leí en la revista Quimera en 1998 de su libro Una Historia de la Lectura. El autor decía que con ese libro uno se metería en la cama para no necesitar nada más. Al abrir el libro parecería que uno se sumergiera en otro mundo donde todo lo demás se olvidaría. Y así fue. Hacía mucho tiempo no leía con tanta pasión un libro. Lo devoré. Cuando miraba en qué página iba, me desconsolaba porque ya pronto terminaría tanta melodía.

Poco a poco fui comprando cuanto libro de él encontraba en las librerías. Hasta el momento tengo 13 en mi haber. Es mi autor favorito. Su escritura está al alcance de un niño. En él mi nieta Isabella aprendió a leer en voz alta como una experta y dejó de balbucear como leen los niños a media lengua y con sonsonete.

Entre los libros que más me gustan están Conversación con un amigo, El Legado de Homero, Lecturas sobre la Lectura, La Ciudad de las Palabras, El Viajero, la Torre y la Larva y Curiosidad: Una Historia Natural. Obvio que aclaro que es el autor vivo que más he leído. Porque quien me enamoró de su personalidad y poesía es la Dama de blanco, Emily Dickinson de Amherst, Massachusetts.

Y, sí. Coincido con el tributo que hoy El País hace de su afición de leer y difundir el amor por la lectura. El libro que más ha abierto Manguel para saborearlo es La Divina Comedia. Andar en compañía de Dante, Virgilio y de Beatriz es un privilegio. Con ellos no importa pasar por entre las llamas del infierno y oír en vivo cómo crujen los dientes los condenados. Su canto no desafina ni decae en ningún círculo ni escena.

Hoy vemos a Manguel como un bienaventurado entre la corte celestial de Beckett, Borges, Fuentes, Goytisolo, Javier Marías, Vila-Matas y Piglia con su Premio bajo el brazo y una corona como la del divino Dante.

Es un premio y estímulo que también ven como propio los bibliotecarios y promotores de lectura de cuanta biblioteca pública o de barrio hay en nuestras ciudades y villorrios. Nuestra sociedad ve cómo la juventud y los niños abren y gastan sus ojos sobre el WhatsApp y se alejan de los libros con el ejemplo de adultos. ¿Devolverán la sensatez y el gusto por la lectura a los niños cada librero, bibliotecario, profesor y promotor con su ejemplo como lo hace Manguel?

29-05-17 / 6:45 p.m.

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