Lecturas Perjudiciales

Demasiados héroes

In Artículos, Reseñas on 25 febrero, 2017 at 4:31 PM

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Por Danilo Albán

Debo dejarlo todo, quizá sea mi último escrito, pero esta pasión me hace sentir vivo. Tengo una familia que amo y sé que me aman. Somos pocos, tres los inventores de nuestro mundo, la pepa, el núcleo, ése que se puede formar con ayuda de una esposa o mejor, amiga y madre nada abnegadas. Lo digo así en plural, a pesar de ser la misma, que en cada faceta de su vida saca su astucia o su intuición o su experiencia a priori y sabe entonces que el sistema, que la familia, es un órgano “procesal” que necesita de independencias, que en conjunto, es una fuerza arrolladora, una misión que es capaz de lo más abyecto o de lo más sensible. Pero debo alejarme, todo me aturde y necesito otras compañías, otras voces, otras narraciones. Me acompaño de Keane un grupo pop inglés y escucho con detenimiento Perfect symmetry. Siento un poco de solaz.

Me he perdido otra vez. Estoy dispuesto a leer Demasiados Héroes, novela de Laura Restrepo, nunca he leído algo de ella, sé quien es y qué premios ha ganado. Es una connotada escritora que goza de gran prestigio editorial y del seguimiento de sus lectores que la han pesto en el solio de los escritores.

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Demasiados Héroes, 2009.

Me esperan Mateo, Lorenza y Forcás. No sé nada de ellos y me adentro para averiguar qué pasó o por qué se produjo el “episodio oscuro”. Y es aquí donde empieza la historia. Bajo un poco el volumen de la canción y me acompaño entonces de un buen lápiz y una hoja en blanco.

La dictadura cívico-militar en Argentina, aquella que se conoció como el “proceso”, fue la más sangrienta de las que antecedieron a la democracia. El mundo de los hombres estaba siendo arrastrado por “nuevas” propuestas de ser humano, de estado y de gobierno en sistemas más equitativos quizá. La tiranía silenciosa de los gobiernos aristocráticos y la aparición del individuo y del consecuente individualismo fueron el germen, entre otras cosas, del capitalismo. La humanidad conocedora de guerras y esta vez no por inicio de los gobiernos solidarios, ni por amenazas a la soberanía, ni por el temor de la construcción de armas devastadoras, ni por la conquista del poder por el poder como demostración de fortaleza fueron entonces las generadoras de hechos sangrientos e inolvidables. Era la hora del pueblo, así como fue la hora de la burguesía en la gesta de la revolución francesa. Sin lugar a equivocarme, la guerra o esa manifestación de los pueblos por mantener o mejorar las buenas condiciones de vida son batallas que no deben parar y más bien, producen solidaridades y no necesariamente entre países fronterizos.

Es de ésta manera como se justifica por el lado del lector la participación de Lorenza o lole, colombiana, en el desangre argentino. Ya desde la revolución comunista, Lenin, intuía que sólo con la internacionalización del sistema se podría tener éxito en esta renovada visión. De otra manera no se justifica la llegada de Lorenza a la vida de Forcás. No obstante, algo desarrolladas estaban las comunicaciones, quiero decir, los medios masivos: la prensa, la radio y la televisión. Pero igual, no es clara la participación solidaria de una extranjera en injerencias nacionales; aunque cabe aclarar, bueno, sólo por el camino de la especulación, que ya Ernesto Guevara, el Ché, había marcado un derrotero en la juventud latinoamericana. Mas como el escritor es Dios, pues, éste puede empezar por donde le plazca y créanme, no es una ironía, es una verdad objetiva, ya que cuando se juega a ser Dios se juega también al génesis y lo menos que se debe hacer es tener modelos o patrones; ser Dios, es el acto máximo y supremo de la creatividad.

No voy a detenerme a hacer un juicio de la obra de Restrepo, sólo que como lector y creador también, dejo mi opinión de ese mundo donde las posibilidades son infinitas, quiero decir, las posibilidades de la creación. Recuerdo que en algún lado leí que Cortázar  había dejado dicho que no hay temas imposibles o malos sino mal tratados, y es lo que a mi parecer sucede con ésta obra en particular. No se entiende cómo Lorenza  llega a tierras Argentinas, es decir, movida por qué clase de solidaridad (¿La solidaridad tiene clases?) y aquello que la narradora llama el episodio oscuro, me parece de las tretas más mal elaboradas y sencillamente porque engaña, pues, cree que el lector es un zombie o tarado o alguien que no sabe distinguir entre un tamal y un San Jacobo, que todo lo que lee lo tiene que ir deglutiendo así quede en la boca  sabor a inmundicia. Derechos tiene el lector y uno de ellos es tirar la novela, pero llega el efecto contrario, y es esa labor detectivesca del avezado a la lectura la que lo lleva a terminarla hasta el fin.

Sin embargo, la escritora, quizá cansada de leer toda clase de textos continentes de las dictaduras latinoamericanas y ¿por qué no?, testigo de las atrocidades, encuentra el lado más humano y relevante de todas las revueltas o batallas, en el hecho de ser madre: los hijos. Se habla de todo menos de los hijos de la guerra, esto, de entrada, es augurio de buen tema, falta a ver el desarrollo. Pero mientras nos adentramos en la trama del “episodio oscuro” en la novela se empiezan a describir una serie de grafías, tal vez, sólo explicables en la ingeniería, ya que en lo que atañe a lo literario esas grafías responden a una estratagema de contener y soltar.

Lo mejor es aumentar el volumen de la radio y escuchar Spiralling otra canción de  keane.

Ya de vuelta y habiendo tomado aire para oxigenar el cerebro, los pensamientos empiezan a salir no sé si puros pero sí más desprendidos, con menos ataduras.

Demasiados Héroes es tan natural que no sé si profunda, y es lo que quizá molesta, ya que la relación entre madre e  hijo acontece fluida, sin referentes de experiencia, con mucha soltura y respeto de saber las necesidades y de las respuestas que cada uno espera, es lógico que en lo que respecta a la madre, ella va soltando poco a poco su devenir y sus recuerdos para ir armando la composición del pasado para que el presente sea legible y entendible, quiero decir, para que tenga una explicación; esto produce devaneos que son propios de la memoria y claro, propios de las inseguridades y certezas del presente y es que cuando no se tiene al otro para complementar, al padre en este caso, la historia queda a medias y la tarea de la escritora se debe redoblar para eso que llaman verosimilitud y no salirse por el camino fácil de una historia con una sola opinión. Quien hace parte del otro, por supuesto, es el hijo que va entretejiendo la figura paternal, que no a reemplazarlo, sino a llenarlo de características que lo definan. No podría ser de otra manera, a retazos, como  va construyendo Mateo la imagen: figura y pensamientos de su padre. Son los silencios, una que otra exageración, la subjetividad, parte de la experiencia y mucho de imaginación y compulsión son los elementos claves para la edificación de Forcás, es decir, el barro del creador.

La elaboración pincelada de los personajes y de la diégesis misma se hace a través del diálogo, de la secuencia cronológica, del narrador omnisciente y de los elementos propios de la narratología que dan entonces una estética sugestiva; sin embargo, con tales elementos, por bien utilizados que estén, la obra necesita profundidad, y, en ese caso el tema, el contexto histórico y la visión privilegiada del narrador deben ser contundentes de lo cual adolece la novela, son muy flojos y como alguna vez escuché de un profesor y escritor tulueño: “se le ve costura a la narración”.

Pero igual, me anima seguir leyéndola, porque sé que ella y su novelística son más que eso. Me hablan de Leopardos al sol, de Delirio y otro puñado de novelas que debo leer y que por supuesto leeré; no me siento como un crítico, pues, no estoy capacitado, me siento como un lector que se ha dejado llevar por centenas de obras y ha gastado incontables horas siendo testigo de las obras narrativas que son de mi gusto.

Me llaman las fugas de Bach, mientras lo haga estaré acompañado de Claudia y Sofía, luego cenaré. Feliz lectura.


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