Lecturas Perjudiciales

La graduación del poeta

In Críticas, Ensayos, Reseñas on 15 diciembre, 2016 at 3:11 PM

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Reseña sobre: Libro de pan & Tesis sobre el fracaso, obras del poeta L.C. Bermeo Gamboa.

Por Danilo Albán

Hay ciertas cosas  en este planeta que por más lejos que se encuentren, sus vibraciones naturales coincidirán en ciertas frecuencias y en algún lugar del espacio resonarán de tal manera, estarán tan sintonizadas, qué una sola voz, un solo sentimiento acompasará el ritmo de palabras y ya no serás tú, ni el otro será el otro porque las palabras se fundirán en sólido concreto para que nada, ni siquiera una porra ni una carga o muchas de dinamita, las puedan desintegrar; cuando lector y escritor se encuentran, cuando el lector está dispuesto y el escritor preciso en sus creaciones: estallan en luces, se crean  nuevos mundos y se siente entonces que en esta vida no se está solo.

De Cali a Yumbo, ciudades interdependientes (como en los ecosistemas) hubo, habrá y hay (en automóvil) un trayecto que sin congestión vehicular se tarda un poco menos de treinta minutos para llegar; se parecen en cuanto al manejo de las finanzas públicas y si en uno pretenden, con cada gobierno, acabar con la Cultura en la otra ésta ha sido incipiente desde siempre; no obstante, la población vibra lento, pero vibra, y sienten como los que más con las  injusticias, con los actos terribles de la corrupción y con un día a día que apaga sus esperanzas. Pero no siempre todo es oscuro, al mirar al cielo brillan las estrellas y un viento tenue acaricia el rostro y le recuerda a  uno que la vida vale la pena vivirla; quizá sea ese el momento de la resonancia, de la coincidencia.

Espero estar lúcido el resto de mis días para sentirme joven, mas no para actuar como tal: hay que saberse retirar con dignidad frente a ciertos embates de la vida: ir lentamente perdiendo la visión en HD, ya no agacharse con la velocidad de una rayo para recoger cosas del suelo, reconocer (sí, con algo de angustia) que cierto miembro del cuerpo no responde con la voracidad de aquellos tiempos… o tratar de mantener la vela encendida cuando en cualquier lado nos pilla el sueño y el cansancio, son las batallas que se van perdiendo. Pero mientras la razón se siga alimentando de buenas lecturas, mientras se deje el absolutismo a un lado y nos permitamos jornadas enteras de creación, la juventud será perenne, sin duda. Por eso hay que continuar en la búsqueda y no sólo quedarse atrás para leer las maravillas de los sabios y consagrados, no, adelante también hay mucha vida y eso lo demuestra el Poeta: L. C. Bermeo Gamboa, autor de los poemarios: Libro de Pan (2010) y Tesis sobre el Fracaso (2016).

El Poeta Bermeo nace en 1985 en el municipio Yumbo, lugar que es por muchos conocido como la ciudad industrial del Valle del Cauca 1 , pero un poco y algo más de gentes saben también que la industria y el ejercicio político han borrado la sociedad, si no por lo menos, la han desconocido por años  y no es raro entonces ver como con cada gobierno de turno abren con desespero las mismas calles –botín de los gobernantes- buscando la leyenda de El Dorado, quizá,  y cómo la industria haciéndose el de la vista gorda y libre de impuestos, con furia echa sus desechos tóxicos al agua, al aire y a la tierra desconociendo los elementos fundamentales de la vida. Se diría entonces que pese a la sistemática intención de unos pocos por apagar la existencia, no puede en ese lugar, en Yumbo, retoñar la vida; nada más falso, en Yumbo nacen Poetas ¡y vaya de qué calidad! Nacen generosos Poetas que son capaces de decirles a sus lectores que su libro es de Pan, que vayan raudos y se lo coman y sacien su hambre y que no le teman a las migajas porque al fin y al cabo junto con su ser: son migajas del tiempo y que a pesar de las circunstancias:

El pan es infinito, pero sólo nace de las migajas,

Cómetelo todo, pero dame las sobras

Que eso merece el poeta.”

El poeta, como Dios,  hambriento da libertad para que el resto de mortales vivan la vida como mejor les plazca, sin embargo, y muy lejos de los inventarios, pasará de nuevo recogiendo, sin juzgar, las sobras que son su alimento. Al poeta en cuanto a escritura, le es dado el poder inconmensurable de la observación y si bien es cierto hay condiciones que exacerban la inconformidad, muy propia de los poetas, ellos no son ajenos de nada, todo les pertenece y en ese sentido me arriesgo decir, el Poeta es un ser tristemente afortunado.

El Poeta Bermeo lleva la vida en la superficie, en ese órgano noble que cubre su cuerpo, pero en cada entrega, en cada poema se descubre y de manera contundente y firme, sabiendo que tiene un lugar entre los dioses y que está lleno de poderes, dice en su poema Juan 6 12-13:

“Si tanto pan hemos compartido

En toda la escasez,

Del  miedo, del odio,

Del grito, del sollozo.

 

Permite ahora que entre a tu sepulcro,

Tengamos juntos este lecho,

Disfrutemos este trozo impersonal de muerte.

 

¿No será que la vida también es otra cosa,

Que la gente vive a pedazos

Para el sobrante regalarlo a los hambrientos?”   

Y su observación continúa y llega a preguntarse por El hogar, ese que también es migaja del tiempo:

“Don Pablo observa desde el andén

La casa que su hijo ha construido,

Una puerta oxidada, paredes de barro

Eternamente sucias.

 

Alza su sombrero un poco más,

arriba de la frente, y mira al sol,

Entonces pregunta:

“¿No está todavía muy temprano

Para comenzar a ser pobre?”

 

El hijo que también se llama Pablo,

Llama a su esposa,

Ella cruza la puerta con dos vasos de agua,

Después de beber un poco responde:

“¿Y no es tarde ya para ser Hombre?”

 L. C. Bermeo consciente de su trabajo y yendo a contravía no piensa como unidad, armonía y coherencia la hechura de su libro. Cada poema tiene su tiempo y la fortuna y el privilegio de verse compilado en el Libro de Pan que es el lugar en el que todos hemos dejado trozos de la existencia, de suerte que es la dispersión, objeto de su libro, el hilo conductor del libro si es que se le quiere ver un orden, un determinismo al carácter entrópico y azaroso  muchas veces de la vida. Le escuché a alguien decir que “el orden es la expresión del caos,” Bermeo lo sabe y por ello prefiere el caos y no porque que quiera dejar de lado el orden, es que en la profunda observación, el Poeta se da cuenta, como cuenta dan los creadores, que la naturaleza sin el hombre no tiene sentido y que cada humano tiene la semilla del tiempo que sólo florece en la angustia de la razón y conocedores de que la  muerte vendrá y nos hallará en el sitio menos impensable y en el momento menos indeterminado, corremos entonces a vivir nuestras existencias y es allí, en esa consciencia, en esa interdependencia con la naturaleza, que también es el hombre mismo, en la que vamos dejando vestigios que darán cuenta de nosotros, entonces ¿Para qué el orden? El Poeta recoge sombras y soles –migajas- y los va acomodando en su interminable obra, porque el Libro de pan no es ni será (eso deseo) su último libro, y nos va mostrando las variabilidades del ser y su entorno, su naturaleza, su “nueva” naturaleza:

Cada cuanto en una oficina inicias tu infancia

Y probablemente en otra termina tu vida

Y en la siguiente, cuando oigas tu nombre, empezará de nuevo.

 Cada cuanto irás a una donde sueñas con un desconocido/al que llamas,

En la más inesperada de las oficinas escuchas que alguien/ dice tu nombre.

 A estas alturas, El Poeta Bermeo termina su Libro de Pan en la página setenta y dos, pero antes en la sesenta y seis nos invita de nuevo, a los hambrientos,  a que sigamos degustando todas las formas, acepciones e ilusiones del pan:

“El pan negro que a los perros dieron

El pan de munición que a los militares dieron

El pan que al pueblo agobia y por el que es convencido y rebajado a pueblo.

El pan con queso en forma de cuerno, de aureola.

El pan y el vino que para holderlin fueron

Supremas alegría aún no saboreadas,

El pan que Jean Valjean robó y lo convirtió,

Sin remordimiento, en Caín y luego en Cristo,

El pan que este verso devora y cuya lectura esta migaja multiplica.  

Es muy grato para mí hablar del Poeta L. C. Bermeo y su obra Libro de pan pues, las frecuencias se sintonizaron e hicieron que la distancia entre Cali y Yumbo fuera muy corta y que a pesar de todo, por más que se empeñen en cerrar los espacios públicos de y para la cultura, y en otros lugares no den los recursos para que no crezca y se mantenga incipiente: la voz del Poeta no la podrán  acallar, lo único que se necesita es existir ya que alguien nos recogerá y no estaremos solos: Quien haya parido caminos espera su regreso…” .

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Pero apenas tratando de saciar el hambre con migajas de pan, para así calmar nuestra vida y darle un poco de alivio, el Poeta Bermeo, nos invita a la sustentación de su Tesis y poco tiempo nos da para reponernos, pues como antesala a la invitación lo primero que recibimos es un golpe que nos manda al suelo. Uno podría decir: “¡Ya está bien poeta, primero nos das ripio y luego nos golpeas, quizá no merezcamos tanto, ya es suficiente con tener vida!”; pero poco a poco, así como un fantasma se toma una casa, serenamente, el poeta va sustentando su tesis y contrariamente, va uno retomando fuerzas, y la silla ya no es incómoda, ya está uno mejor sentado, siente uno que la comodidad lo tienta, que la impostura se va alejando: y con algo tan parecido a la alegría o la felicidad ve uno cómo el poeta va caminando desnudo y con donaire como quien ha saldado una vieja deuda. La fuerza poética va ganando terreno, seguro y firme va surcando la vida y va denunciando como el mejor de los opositores la impostura en la que vivimos, pues es mejor hablarle de frente y definitivo a unos huesos de pollo; ya ni los espejos quieren reflejar los rostros y ah sí le canta la injusticia:

Al que sin poder culpar a nadie de su torpeza vio en el ridículo/ una prueba de que la vida es una comedia./ Al que suplicando generosidad al cielo le caen sobras como a perro bajo la mesa.  

…y va uno entendiendo su tesis, y lo mejor es tomarse unos minutos, y  descansar un rato y refregarse los ojos; queridos amigos, esas no son más que intenciones porque para ese acto ya no hay ojos, ni descanso ni minutos ya todo es una acumulación de ruinas. Sin embargo, un Dédalo salvador salido de entre los versos nos revive y nos enseña a volar y nos muestra la inmensidad de la obra y a pesar de las ruinas, una cierta paz nos envuelve. Felices del viaje entonces,  nos engolosinamos con la bibliografía, porque toda tesis, toda buena tesis la tiene, y vamos cerrando el episodio y se acerca la hora de la verdad: no queda sino declarar Laureada, meritoria su tesis. Poeta Bermeo, queda usted graduado.

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