Fundamentos de caída libre de los yunques: la física del Coyote y el Correcaminos

Ilustración de Rob Loukotka
Ilustración de Rob Loukotka

Por Luis Javier Plata Rosas

Lo que pasa con el Coyote es que se parece mucho a todos nosotros. El filósofo George Santayana lo describe perfectamente: “Un fanático es alguien que redobla su esfuerzo cuando ya ha olvidado su objetivo”. Si esa no es la definición del Coyote, no sé de quién es.

Chuck Jones

Sin duda, se trata de una de las mentes más creativas del siglo XX. Es un genio que predica en medio del desierto, un luchador incansable que, sin importar las veces que fracase, tenemos la certeza de que se levantará nuevamente. Es genial. Es Wile E. Coyote, Supergenio, como indica la tarjeta de presentación que nos muestra en uno de sus episodios. No podemos decir lo mismo de su eventual presa, quien jamás ha exhibido un nivel de inteligencia que rivalice con el del Coyote; durante decenas de episodios, lo único que hace es honrar el nombre que lleva: Correcaminos. ¿Por qué, entonces, el Coyote no puede comerse de una buena vez a esa estúpida ave? Porque, desafortunadamente, vive en un lugar en el que la física está en su contra.

El Coyote y el Correcaminos es una especie de fábula invertida de La Cigarra y la Hormiga, en la que, ahora, la hormiga trabaja durante todo el año para que la cigarra se coma sus provisiones al llegar el invierno y, finalizado este, la hormiga muera de hambre y la holgazana cigarra pueda seguir disfrutando de la vida. Para frustración de los admiradores del Coyote, las leyes que estas caricaturas siguen han sido impuestas por Chuck Jones y otros creativos: no son resultado de la investigación científica. Para todos aquellos que se pregunten cómo sería un universo en el que una mano invisible pudiera cambiar a discreción los principios físicos, existe el desierto en el que habitan el Coyote y el Correcaminos. En That’s All Folks. The Art of Warner Bros. Animation, Chuck Jones revela los diez mandamientos que tenían que cumplir los animadores cuando elaboraban un episodio de El Coyote y el Correcaminos:

  1. El Correcaminos no puede dañar al Coyote; solo debe decir ¡bip bip!
  2. Ninguna fuerza externa puede dañar al Coyote; solamente pueden hacerlo su propia ineptitud o la ineficacia de algún producto marca ACME.
  3. El Coyote podría desistir en cualquier momento, si no fuera porque es un fanático.
  4. Ningún diálogo es posible, excepto por el ¡bip bip!
  5. El Correcaminos debe permanecer en el camino; de otra manera, lógicamente, no podríamos llamarlo Correcaminos.
  6. Toda acción debe estar confinada al ambiente natural de los dos personajes: el desierto del suroeste de los Estados Unidos.
  7. Todo material, herramientas, armas o aparatos mecánicos deben ser obtenidos de la compañía ACME.
  8. Cuando sea posible, la gravedad es el peor enemigo del Coyote.
  9. El Coyote es siempre más humillado que dañado por sus fracasos.
  10. La simpatía de la audiencia siempre debe estar con el Coyote.

¿Cómo puede una mente racional, como la del Coyote, triunfar en un mundo regido por un decálogo tan injusto, especialmente a la luz del octavo mandamiento?

El Coyote es un gran conocedor de la física, una mente creativa que ha inspirado un capítulo del libro El espíritu creativo, de Daniel Goleman (el autor de La inteligencia emocional), Paul Kaufman y Michael Ray, como ejemplo para los seres humanos: no importa qué tan ridícula parezca una idea en un principio, evaluemos sus posibilidades; si fracasamos, debemos pensar en nuevas ideas. ¿A quién, sino, se le ocurriría cargar un refrigerador en su espalda para que, con los cubos de hielo que produce, esquiar desde la cima de una montaña y alcanzar a su presa?

No es culpa del Coyote que fracasen todas las trampas que ha utilizado. Y tampoco de la compañía ACME, pues el Coyote cuenta incluso con la patente de algunos inventos, como una máquina para masajear la cabeza (vista en el episodio en que comparte créditos con Bugs Bunny, otro arribista). Vale la pena mencionar que el Coyote no podía hacer a un lado las ventajas de internet, y en el cortometraje que acompaña a la película Looney Tunes: Back in Action (Looney Tunes: De nuevo en acción) vemos que ahora realiza sus pedidos a la compañía ACME por este medio (comentario aparte: ¿Dónde enchufa los aparatos que requieren energía eléctrica para funcionar? ¿Tiene un generador de celdas fotovoltaicas?).

Así, el Coyote bien podría ser mascota de los ingenieros, pues continuamente diseña o emplea resortes, poleas, estructuras, catapultas, cohetes, patines, arcos, cañones, resorteras, péndulos, arpones, y por supuesto, tiene que hacer cálculos para determinar la máxima distancia horizontal que, por ejemplo, alcanzará al convertirse en un proyectil animal cuyo destino es el Correcaminos. Es frustrante ver cómo la dinámica del tiro parabólico es torcida por la mano de un demiurgo encarnado por el guionista en turno, de manera que ese tiro parabólico deja de serlo para que la piedra que sale de la catapulta caiga directamente encima del Coyote, o a un lado de la catapulta, o para que al cortar la cuerda que dispara la piedra de la catapulta sea esta última la que salga volando y no la roca.

“Fue de casa en casa arrastrando dos lingotes metálicos, y todo el mundo se espantó al ver que los calderos, las palas, las tenazas y los anafres se caían de su sitio, y las maderas crujían por la desesperación de los clavos y los tornillos tratando de desenclavarse…”. Definitivamente, al Coyote le pasan cosas dignas de una novela de García Márquez, y como prueba no se requiere sino recordar cuando trata de atraer al Correcaminos, quien ha comido limadura de fierro, con un imán. ¿O, por su potencia, se trataría de un electroimán como el que se emplea para levantar autos chatarra?

Si no son las leyes de Newton, la ley de Hooke, la ley de la gravitación universal, las que rigen en el desierto del Coyote, ¿cuáles son entonces? Henry L. Welch y Joseph T. Major, del Institute of Electrical and Electronic Engineers de los Estados Unidos, resumen los principios «físicos» que se cumplen en las caricaturas. Entre los más socorridos por los guionistas de El Coyote y el Correcaminos están:

  • Primera ley: Todo cuerpo suspendido en el espacio permanecerá en el espacio hasta que se dé cuenta de su situación. De esta manera, cuando el Coyote está a punto de atrapar al Correcaminos, voltea hacia abajo y nota que no hay suelo alguno que pisar, por lo que cae hasta convertirse en un punto que levanta una nube de polvo al tocar tierra. Como el Correcaminos no mira hacia abajo, la gravedad no lo afecta. Están igualmente exentos de esta ley personajes cool, como Bugs Bunny.
  • Segunda ley: Todo cuerpo sólido en movimiento permanecerá en movimiento hasta que algún material sólido intervenga repentinamente. Como consecuencia, cuando el Coyote hace de sí mismo un proyectil lanzado por una resortera gigante, un resorte o un cañón, su trayectoria es rectilínea y no parabólica, pues la aceleración de la gravedad no tiene efecto sobre él en estas circunstancias.
  • Tercera ley: Cualquier cuerpo que atraviese materia sólida dejará una perforación de acuerdo con su perímetro. La dureza y plasticidad del material, sin importar que sea roca ígnea, sedimentaria o metamórfica, es siempre la misma, e increíblemente la silueta del Coyote siempre quedará impresa en él.
  • Cuarta ley: El tiempo requerido por un objeto para caer veinte pisos es mayor o igual que el tiempo que le toman veinte intentos por atraparlo, al vuelo y sin que se rompa, a quienquiera que haya sido noqueado fuera de una cornisa y en espiral hacia abajo. Nota importante: el objeto es inevitablemente invaluable y el intento por atraparlo es de igual manera infructuoso.
  • Quinta ley: Todos los principios de la gravedad son negados por el miedo. Las fuerzas psíquicas bastan para que la mayoría de los cuerpos en estado mental de shock se impulsen de manera autónoma en dirección opuesta a la superficie de la Tierra. Un ruido tenebroso o el sonido distintivo de un adversario inducirán un movimiento hacia arriba, usualmente hacia un candelabro que cuelga del techo, la copa de un árbol o lo más alto de un asta bandera. Los pies de un personaje que corre o las ruedas de un auto que acelera no necesitan tocar el piso, especialmente cuando huyen de algo.
  • Sexta ley: A medida que la velocidad se incrementa, los objetos pueden estar en varias partes a la vez. El lector puede atestiguar este efecto especialmente durante las peleas a puñetazo limpio; en estos altercados aparece una especie de nube de polvo que envuelve a los combatientes y que nos permite breves vistazos de cabezas, brazos y patas emergiendo en diferentes partes de la nube a la vez. Es posible que Scooby Doo y Shaggy cumplan esta ley al ser perseguidos por el monstruo en turno, ya que es común que, en la escena en la que corren por un pasillo con puertas a uno y otro lado, entren y salgan por diferentes puertas, topándose a veces cara a cara con otros Scooby y Shaggy, y en ocasiones detrás del monstruo no delante de él.
  • Séptima ley: Ciertos cuerpos, no otros, pueden atravesar paredes sólidas pintadas para parecer entradas de túneles. Falta explicar por qué este principio funciona para correcaminos y camiones y no para coyotes.
  • Octava ley: Toda reordenación violenta de la materia en el Coyote es temporal. Así, el Coyote puede plegarse como acordeón, estirarse como liga, doblarse como burro de planchar, desintegrarse, romperse en cuadritos, cortarse en partes, y todo lo que se nos ocurra, sin dañar su integridad física.

Amantes por igual de la física de las caricaturas y de internet, como Ed Bell, Syed Towheed y Dave Williams, han hecho importantes contribuciones a este fértil campo de investigación. Entre ellas, tenemos las siguientes:

  • Si un árbol cae sobre un personaje, la colisión resultante es parcialmente elástica, por lo que el árbol rebota, como si fuera de goma, en la cabeza del personaje hasta que termina enterrándolo en el suelo, en una suerte de karma físico o venganza vegetal.
  • Al ser golpeado por un personaje como Popeye, un cocodrilo será lanzado en tiro parabólico y se metamorfoseará en el aire hasta aterrizar como un juego de maletas o un par de botas. Una observación importante es que no todo objeto lanzado al aire seguirá una trayectoria parabólica ni sufrirá, necesariamente, una metamorfosis.
  • Los agujeros aborrecen el vacío del que están hechos, lo que se evidencia en el hecho de que pueden ser fácilmente movidos de lugar por un personaje.
  • Las armas explosivas no ocasionan lesiones graves; su único efecto es ennegrecer y ahumar temporalmente a los personajes.
  • La dinamita puede ser generada espontáneamente por atracción psíquica de personajes buena onda, como Bugs Bunny o Piolín, cada vez que la requieran.

Un consuelo para los que odian ver cómo, por enésima vez, el Correcaminos escapa por pura suerte o, peor aún, por qué todo a su alrededor cae por un acantilado excepto el suelo que pisa, que permanece flotando en el aire, en el mundo real, el nuestro, el Coyote —la mente racional, el ser creativo, la ciencia y la tecnología— finalmente conseguirá comerse al Correcaminos —la mente irracional, la estulticia, el oscurantismo y la superstición.

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Tomado del libro La Física del Coyote y el Correcaminos. Y más ciencia (y muchos más dibujos animados), de Luis Javier Plata Rosas.

Publicación reproducida de Revista Nexos.

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