LA EXTRAÑA VOZ QUE ALUCINA A LOS POETAS

El Hölderlinturm (Torre de Hölderlin) es un edificio situado en Tübingen (Alemania) a orillas del río Neckar, donde residió el poeta Friedrich Hölderlin durante su periodo de locura desde 1807 hasta su muerte en 1843.
El Hölderlinturm (Torre de Hölderlin) es un edificio situado en Tübingen (Alemania) a orillas del río Neckar, donde residió el poeta Friedrich Hölderlin durante su periodo de locura desde 1807 hasta su muerte en 1843.

Por Conrado Alzate Valencia

“Cuando los dioses callan, hablan en su nombre los poetas, para dar forma
a lo divino en lo cotidiano”.
Stefan Zweig

Los poetas son los mejores alucinadores auditivos; ellos oyen voces con frecuencia como Zoroastro, Moisés, Sócrates, Juana de Arco, Friedrich Hölderlin, Gérard de Nerval, Guy de Maupassant, Vincent van Gogh, Rainer Maria Rilke, Carl Gustav Jung, Virginia Woolf,  Andy Warhol y una lista interminable de creadores.

Los poetas captan voces del pensamiento, de la imaginación, de la intuición, de la memoria, del dolor, de la locura, del silencio, de la soledad, de la angustia, de la orfandad, del exilio,  de las musas, del alma, del corazón, de los cuatro elementos, de la muerte, de los ángeles o del demonio. Y estas extrañas voces son más comunes en los poetas trágicos y los suicidas. Los oyentes entonces se desconectan de la realidad y se convierten en seres alucinados, poseídos, hechizados, ensimismados y  dementes.

En el ensayo El ángel o la voz interior, del excepcional  libro Ceniza inconclusa: ensayos breves sobre arte y literatura, Gabriel Arturo Castro, señala: “El inspirado siempre está al acecho de las voces misteriosas y actúa cuando el deseo hunde sus raíces en lo más insondable del ser. Dicha ‘locura’ es el inicio, tan sólo el comienzo en el oficio de la creación poética…”. Y William Ospina defiende la idea de que: “Para los poemas uno solamente tiene que escuchar una voz que se los dicta”.

Por otra parte, los profetas, los apóstoles, los místicos y en general los santos también experimentaron alucinaciones auditivas; el contacto con espíritus celestes los empujó dócilmente al  éxtasis y les entregó el don de la palabra y de la profecía. En las altas montañas de la antigua Persia, en el Asia central, Ormuz o Ahura-Mazda, le dictó a Zoroastro el Zend-Avesta, que contiene la ley de los arios. Y “Todo el Zend-Avesta no es más que una larga plática entre Ormuz y Zoroastro”, indica Eduardo Schure en su profundísima obra Los grandes iniciados. Cabe recordar que el profeta iranio pasó diez años en la hondura de un bosque de cedros, combatiendo con las tenebrosas legiones de Arimán, ahuyentándolas con poderosas oraciones solares como esta: “Levanta, ¡oh, rútilo sol! ¡Asciende con tus caballos raudos sobre el Hara-Berezaiti, y alumbra al mundo!”.

En el monte Horeb o Sinaí,  Yavé se comunicó con Moisés a través de una zarza ardiente. En este lugar sagrado Moisés recibió instrucciones de Dios, quien lo indujo sacar a los hijos de Israel de Egipto y conducirlos hasta el umbral de la tierra prometida. El legislador  hebreo, quien también fue guerrero, político, historiador, moralista y poeta, dialogó con un Dios ígneo y tronante como Júpiter.

Juana de Arco aseguró haber oído al arcángel Miguel, a Santa Margarita y a Santa Catalina en el jardín de su casa Y en los encinares de los Vosgos, posiblemente la doncella de Orleáns conversó con las hadas y otros seres  nemorosos. En estos mágicos lugares Juana escuchó voces celestiales que la instaron a pelear con los ingleses y llevar al príncipe Carlos al trono de Francia.

Homero, el aeda nictálope, fue la lengua de los Dioses en este plano; fue la voz de Cronos, de Júpiter, de Neptuno, de Marte, de Vulcano, de Juno, de Venus, de Ceres, de Minerva, de Diana, de Tetis y de Iris. Homero creó la teogonía de los Dioses para que ésta le inspirara la Ilíada y la Odisea. Asimismo fue la palabra de Príamo, de Agamenón, de Héctor, de Aquiles, de Paris, de Helena, de Ulises, de Menelao, de Alejandro, de Eneas, de Diomedes, de Ayax, de Néstor, de Casandra, de Penélope y Telémaco. El cantor griego, fue en consecuencia los labios de los mortales y de los Inmortales.

Stefan Zweig, en la Lucha con el demonio: Hölderlin-Kleist-Nietzsche, explica la profunda relación que existe entre los poetas y la divinidad. Veamos: “Por esto el poeta, figura ungida y a un tiempo maldita, surgido del mundo, pero lleno de divinidad, está colocado entre los hombres y los dioses y está llamado a contemplar lo divino para ofrecerlo a los mortales en imágenes adecuadas a la vida terrenal. El poeta procede de entre lo humano, pero sirve a la divinidad; su obra es un apostolado, una misión; escalera melodiosa por la que baja al mundo lo divino. Solamente gracias al poeta la humanidad puede vivir simbólicamente en sus tinieblas lo divino”.

Hesíodo, quien se hizo célebre con las obras Teogonía, El escudo de Heracles y Trabajos y días, ordenó cronológicamente el corpus mitológico, perteneciente a la tradición oral de la Antigua Grecia. Se dice que participó en varios certámenes poéticos y en uno de ellos venció a Homero. Según el mismo Hesíodo, se hizo poeta porque las musas lo iluminaron en el monte Helicón, mientras pastoreaba su rebaño.

Apolo se manifestó en este mundo por medio de los labios de las sibilas, quienes caían en trance para poder predecir el futuro. Las profetisas de Delfos se expresaban en hexámetros.

En la torre silenciosa de Zimmer, Hölderlin  pasa su vida invocando los Dioses, escribiendo cantos para su amada y lejana Diotima. En este humilde sitio, Hölderlin se hundió en otra realidad, en una demencia serena y rumorosa, que lo acompañó durante treinta y seis años. Y cuando sólo quedó “el hombre y su alma”, apareció el poeta para restañar con el lenguaje las heridas que infringen la soledad y el olvido. El lenguaje fue para el poeta luz, lenitivo sagrado, áncora de salvación y sustento de la totalidad. El autor de La muerte de Empédocles y de Hiperión o el eremita en Grecia, fue un Homero reencarnado, un romántico politeísta, quien supo leer con su oído el idioma secreto de los cielos.

Y Borges, elogió las sombras, pues ellas fueron un filón acústico inagotable de donde sacó el oro de sus mejores versos: “Esta penumbra es lenta y no duele; / fluye por un manso declive / y se parece a la eternidad. / Mis amigos no tienen cara, / las mujeres son lo que fueron hace ya tantos años, / las esquinas pueden ser otras, / no hay letras en las páginas de los libros”.

Todo es un eterno vocerío. La naturaleza es una fiesta de sonidos. Y siempre hay un oído al acecho. Los poetas conocen bien el idioma de los seres y las cosas del universo, son amanuenses, médiums, contempladores  y clariaudientes.

Manizales, marzo 9 de 2016

Conrado Alzate Valencia (Colombia): poeta caldense, autor de los libros de poesía Paraísos inexistentes (2000), Canción de Ahasverus (2000), Escrito en el viento: versos de amor y desamor (2004), Sílabas humanas (2004), Memoria de la sangre (2006), Apología de los dragones (2007 y 2008), Cantos para anunciar la luz: antología personal (Colección “50 poetas colombianos y una antología”, 2010), Poemas ecológicos (2012), Apenas voy para las cosas (Colección de Poesía “Tulio Bayer”, 2013), y José Tobías Trejos Trejos: un poeta olvidado de Caldas (Colección Cumanday Narativa, 2015).

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