El suicidio es falta de pueblo para la vida

Oswaldo Guayasamín - De la serie La edad de la ira: El grito (1983).
Oswaldo Guayasamín – De la serie La edad de la ira: El grito (1983).

Hace dos meses se ahorcó un conocido cercano, hace un mes se inmoló en su casa un vecino, durante el mismo tiempo una familiar lucha contra la depresión, sé de un maestro que toma medicamentos para no atentar contra sí mismo, y hoy, también, se ahorca un amigo. Olvidémonos, aunque sea difícil, de los motivos íntimos y personales; ahora pensemos en esto como un fenómeno social reducido a nuestro pueblito, en el que mientras una generación de jóvenes yumbeños se suicida y otra se asesina, los que dirigen el pueblo creen que con fomentar el empleo se soluciona el problema, cuando hay una crisis de sensibilidad, cuando hay necesidad de espacios para la expresión en todas sus formas (no sólo lo más popular) y el desarrollo del talento, para que quienes de verdad sienten su municipio tengan la oportunidad de ser aceptados y vivir dignamente sin someterse al clientelismo y la lagartería oficial.

Hubo, y hay, muchos jóvenes que creyeron que podían mejorar a Yumbo con el arte y la cultura, pero al cabo de 10 años luchando contra un sistema avaro y mediocre, la mayoría, cuando no se integran a este sistema, optan por emigrar con recelo de lo propio y otros por asumir la ignominia y despreciar cuanto se realiza aquí, porque seamos sinceros, todo se hace por cumplir, nada de lo hecho por el estado local expresa ni representa toda la represión que sienten las nuevas generaciones de yumbeños cuyas virtudes no son reivindicadas.

Deberíamos comprender, antes de más suicidios de personas talentosas y sensibles, que lo que necesita Yumbo es una transformación cultural y humana profunda, no sólo empleo. No me digan que hay cultura cuando cada año se realizan, cada vez con menos calidad, unos cuantos espectáculos ‘culturales’ que son puros simulacros. Sin embargo, al margen se trabaja en muchos procesos más humildes con mejores resultados en términos humanos, no con estadísticas, que la oficialidad ignora, pero estos pequeños grupos han abren espacios y guían a los jóvenes para apreciar la vida en su comunidad y continuar a pesar de todo.

Ahora recuerdo una cita de Estanislao Zuleta, que no por trillada es menos real:

“El crimen es falta de patria para la acción,
la perversidad es falta de patria para el deseo,
la locura es falta de patria para la imaginación”.

Yumbo, febrero 20 de 2015

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