Bitácora del lector: Reunión y otros relatos de Julio Cortázar (I)

reunion y otros relatos libro

Por Edgar Cuero Córdoba

LIBRO: REUNIÓN Y OTROS RELATOS DE JULIO CORTÁZAR

UNO: 12 de Enero de 2016.

Noche de luna llena, seca y calurosa. Después de agotar los recursos físicos e intelectuales en lucha de escribir el capítulo XVI de la novela: “Música para levantar muertos”; me llené de valor para consumir la rica, nutritiva y abundante cena preparada por mi querida esposa: tasa de tizana de hierbabuena y toronjil y una pálida arepa de maíz súper delgada. Dieta para una persona, a la que el corazón le marcha a media potencia. No vayan a especular sobre la composición de la cena y su valor proteínico, este aspecto le pertenece únicamente al que tira filo. O sea: yo. Hambre sublime que camuflo bebiendo tres vasos con agua antes de acostarme. Sobrepeso infame que me hace su esclavo y al cual ya derroté una vez. ¿Seré capaz nuevamente de esa proeza?

Los fluidos fantasmales de la noche me guían los dedos, las manos. Apoderándose en estos instantes de mis ojos  conduciéndome a un libro de mi pequeña biblioteca. Uno al azar. Un libro ya leído. Me reconozco en él, por las anotaciones que he hecho en sus márgenes, en sus páginas, arriba, abajo. Libro de 1983. No se puede torcer el destino, dice alguien en una canción y yo sigo ese consejo y leo: “Julio Cortázar. Reunión y otros relatos”. Y leo el título del primer relato o del primer cuento: “Las puertas del cielo”. Me freno y me inquieto, se los digo en voz baja: soy bastante musical, tanto clásica como popular, puros soneros y boleros. Claro que tengo mis preferencias, luego hablaremos de ese tema. Me frené: Cortázar tiene “Las puertas del cielo” y Gigliola Cinquetti “A las puertas del cielo”, en los años setenta uno no sabía si enamorarse de ella por lo bella o por la letra de la canción. De Cortázar se enamoraban los literatos puros y nosotros que apenas sabemos leer. Especulando un poco no sé si Julio le quito la “A” al título de la canción o si Gigliola se la anexó. Buceé un poco en la tecnología y me di cuenta que en 1966 salió una colección de relatos de nuestro querido escritor: “Todos los fuegos el fuego” donde debe de estar también “La isla a medio día” y “Reunión” Es de suponer que “Las puertas del cielo” por aumento de materia debe estar en esa colección.  En cuanto a la cantante Italiana ganó en el festival de San Remo con “A las puertas del cielo” en el año de 1973.

“Las puertas del cielo” caben en 19 hojas. El doctor Marcelo Hardoy es el narrador, abogado él. Lleva fichas técnicas anotando cada detalle y hecho que le interese, datos de primera mano que enriquezcan sus escritos. Algo parecido realiza Mr.Pickwick, en los documentos póstumos. Marcelo me comenta que José María le acaba de avisar que Celina ha fallecido: cáncer en un pulmón.  Mauro es el esposo de Celina, jugó en el Racing no me comenta que clase de jugador era. Mauro trabaja en la galería, tiene un puesto, o sea, no fue un jugador técnico. Esto lo debe de tener anotado en sus fichas, no me lo comenta, pero sí me dice que el taxi les cobró 2,60. Y menos de las viejas lamentándose en el patio.

Me habla del carnaval del 42 donde bailaron y se emborracharon a  todo timbal; recordando a Celina tan pequeña forrada en un azul celeste. Me gustaba la felicidad de los dos, dice, por eso andaba al lado de ellos. Me cuenta con esa voz profunda que tienen los abogados que él conoció primero a Celina antes que Mauro la conociera. La conocí en el cabaret del griego Kasidis. Me habla de los monstruos, aquellos bailadores de tangos y milongas, me recuerda que Celina cantaba bailando con esa voz ronca, que la elevaba por encima de las negras bailadoras y de tantas rubias oxigenadas, todas ellas planchadoras y sirvientas. Mientras todos lloraban en el velorio yo recogía fichas escritas a mano sobre Celina, solo ella me interesaba aunque estuviera muerta. Y no fue por los cinco mil pesos que les hice ganar en ese pleito de tierras, ella ya vivía con Mauro y yo de mi título. En este momento el doctor pensó deberían ser fichas para este trabajo, para este cuento, o para una futura novela. Pienso sinceramente que el doctor estaba enamorado de ella. El doctor Marcelo Hardoy hincha furibundo de la orquesta de Canaro; admirador de Anita Lozano aunque vieja y arrugada posee todavía su voz arrabalera, orillera ronca como la de Celina.

En este momento me tomo mi primer vaso de agua fría, tiene un gustoso sabor camuflado de limonada. Cuando el doctor Marcelo comentó que iba a llevar a Mauro al Santa Fe Palace, me dije, este lo va a torturar, va a removerle las cenizas recién apagadas. Son tres pistas de bailes, con tres clases de orquestas, tres clases de música, tres ambientes. Dantescos según me conto el doctor. Como que se quedaron en el tradicional donde las milongueras abundaban y los fuelles mandaban la parada. Marcelo me recuenta: Mauro se apoderó de una negrita simpática y de buena cintura y Anita cantaba su tango y la negrita se llamaba Emma y dejó de lado a Emma cuando la música paró y empezó a buscar a Celina por toda la pista porque todas las milongueras se parecían a ella. Yo sabía que Celina no estaba, me dijo el doctor, con esa morronguera de hombre amante de mujer ajena y Mauro seguía en su búsqueda mirando caras de mujeres envueltas en humos de tabaco. Ah se me olvida decir, Celina y Mauro se complementan muy bien. Yo siempre he creído que ella se fue por la puerta del cielo. Como cínico el doctor me dije.

Cerré el libro en la página 19 y bogué mi tercer vaso de agua.

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2 Comments

  1. Excelente, Edgar Cuero. NECESITO que nos dejes saber lo que te pasa con el resto del libro, después de aquella 19… ¡Gracias! (Página 19)

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