Lecturas Perjudiciales

Música para levantar muertos – Capítulo XV

In Novela, Por entregas on 22 enero, 2016 at 5:51 PM

boceto portada Música para levantar muertos

Por Edgar Cuero Córdoba

Hay que cumplir. Debo abrir ahora en la mañana, hoy miércoles. Los invité con disimulo, para que no se animaran, a las parejas. Sabía las consecuencias que esto podía acarrearme con mi muchacho, pero hay que ser hombre y cumplir la promesa que les hice. Seguro me putea con sus resoplidos de toro, habrá que calmarlo para que se deje guiar, sólo así se cumplirán los planes que hemos trazado con Locadio para el bailadero. Quién se los iba a aguantar cada noche atosigándome, pidiendo una milonga en medio de un guaguancó y una guaracha, que les dejara sonar por un ladito un tango, una ranchera, un guapango… Un corrido. Qué irrespeto con la rumba, tuve que gritarles: “Esto es un salón antillano, aquí se viene a tirar paso. La noche no es para lamentarse, socios”.

Abrí hoy para complacerlos, ahí vienen con un caminar lento y silencioso… Presintiendo mi disgusto. El piso está sucio de colillas de cigarrillos, escupitajos secos, huellas deformes de chicles añejos y tapas de cerveza. Ni barrí, ni trapeé. Sólo a esta hora pueden tener a Casa de Mangle a su merced. A esta hora no hay servicio esmerado, que acomoden ellos mismos sus asientos y mesas, yo cumplo con ponerles su música, esperen sentados y humildes a que el sacerdote Guillermo inicie la misa, hijos míos los misterios de hoy son los dolorosos, desde mi altar de discos bendecido por el aguardiente les ofrezco, para su purificación, a Carlos Gardel: “Tomo y obligo mándese un trago/ que hoy necesito el recuerdo matar/ sin un amigo lejos del pago/ quiero en su pecho mi pena volcar/ y si se empaña de vez en cuando mi voz al cantar…/ Fuerza canejo sufra y no llore/ que un hombre macho no debe llorar”.

Guitarras lloronas y fanfarria fúnebre para empezar; a esta hora de la mañana. Voy luego con Julio Sosa, el Varón, cantando La Cumparsita: “Pido permiso señores/ que este tango… Este tango habla por mí/ y mi voz entre sus sones dirá/ dirá por qué canto así/ porque cuando pibe/ porque cuando pibe me acunaba el tango la canción materna/ pa’ llamar el sueño…/ ¡Porque el tango es macho!/ ¡Porque el tango es fuerte!/ Tiene olor a vida/ tiene gusto… A muerte”. Que alguien salga y baile, así al menos me entretengo viéndoles el corte, la quebrada, la refilada y todas esas acrobacias del tango, pero no, solo brinquitos, salticos y un camine camine por la pista hasta que terminan arrastrándose como convalecientes. Con ese atuendo, solapa ancha en los sacos, sombrero ladeado al estilo Gardeliano, charol brillante en los zapatos, gomina en los peinados, taco alto en los pin rieles de las mujeres, volantín de seda y abertura en los muslos; no bastaba para hacerlos ver mejor en su ridículo baile. Qué manera de matar el tiempo con estos güevones, me hubiera quedado en casa chocholeando a mi Griselda. ¡Ustedes son pura fachada, maricas! Les grité a ver si se largaban. Siguieron en su fantochería sin mirarme los hijos de puta.

La música es mi pan de todos los días, lo que Dios me da para vivir. Pero a ellos la música ya no los puede animar, son como muertos en vida que se alimentan de melodías de muerte, mientras les llega su hora. Este no es su lugar, la que yo pongo aquí es música para levantar muertos. Aquí no vienen a morirse, aquí vienen a revivir.

Se vino Tita Merello a carearlos con su vozarrón: “Con la milonga la voy de igual a igual/ vengo de un barrio sencillo y querendón/ y me fajaron al son de un bandoneón…”. “Se dice de mí/ se dice de mí/ se dice que soy fiera/ que camino a lo malevo/ que soy chueca y que me muevo con un aire compadrón/ que parezco a Leguizamón/ mi nariz es puntiaguda/ la figura no me ayuda/ y mi boca es un buzón…”. Es inútil conmover a esta gente, parecen marranos en un chiquero, no se merecen está música, primera y última que me comprometo, lo que están haciendo es estorbo, ¡no más carajo! Afuera. Y que no me vuelvan a pedir tangos y milongas.

Apaciguo el fiasco tomándome un tintero doble de aguardiente amarillo. Como era necesario un respiro para tanta exigencia, les puse un acetato con Senderito de amor: “Un amor que se me fue/ otro amor que me olvidó/ por el mundo yo voy penando/ amorcito quién te arrullará/ pobrecito que perdió su nido/ sin hallar abrigo muy solito va”. Pedro Infante gastando su voz innecesariamente en esta mañana, perdiendo el tiempo, Pedro, aquí los dos, echándoles perlas a los puercos. Esta era fácil, un bolero ranchero, pero nadie bailó, mejor. Se sentaron, prefirieren beber. “Si Adelita se fuera con otro/ la seguiría por tierra y por mar/ si por mar en un buque de guerra/ si por tierra en un tren militar”. El que bebe sentado dialoga con la canción y se arriesga a que le diga la verdad. Y de aquí a que suene la sirena del mediodía cuando se tienen que largar, hasta mediodía fue el compromiso, yo les voy a poner a rodar unas cuantas verdades.

Las doce, la sirena y a la puta mierda, a las cantinas adonde pertenecen. “Mamá yo quiero saber de dónde son los cantantes/ que lo encuentro muy galantes y los quiero conocer/ con su trova fascinante que me la quiero aprender… ¿De dónde serán? Ay mamá/ ¿serán de la Habana?/ ¿Serán de Santiago?/ Tierra soberana/ son de la loma y cantan en el llano/ ya verás… Tú verás…”. Las maracas y guitarras me saludan a mí, estás a salvo mi hermano, se acabó el sufrimiento, eres un valiente. Reclama lo tuyo, me dice siempre Cachimbo, aquí voy. Por favor desocupen ya, desocupen la pista que voy a barrer. “No sé qué tiene tu voz que fascina/ no sé qué tiene tu voz tan divina/ que en mágico vuelo le trae consuelo a miiii corazóooonnn…”. No tardan en llegar las coperas y los del ferrocarril. “Qué le pasa a Lupita/ no sé/ qué le pasa a Lupita/ no sé/ qué es lo que quiere/ bailar/ por qué ella no baila/ su papá/ qué dice su papá/ que no/ qué dice su mamá/ que sí/ que baile esa niña/ sí, sí/ aaahhhh/ uuuuhhhh/ Mambo, mambo, mambo, mambo”. Veo un camaján acercándose entre la multitud que sale. “Cómo fue/ no sé decirte cómo fue/ no sé explicarme qué pasó/ pero de ti me enamoré/ fue una luz que iluminó todo mi ser/ tu risa como un manantial/ regó mi vida de inquietud/ fueron tus ojos o tu boca/ fueron tus manos o tu voz…”.

Algunos tercos se quedaron, tal vez no les importa ni la música ni el baile, sólo un lugar cerrado para beber, aunque no dudo que durante el día los cortaré con alguna de mis navajas de vinilo y ahí los veré penar.

—¡Como te has atrevido a abrirle la puerta a todos estos malparidos! ¡Con qué derecho!

Mi muchacho estaba embravecido, me gusta verlo así, corajudo y verraco, así sea conmigo. No importa, yo y mi cara de palo lo tranquilizamos.

—Yo soy ducho lidiando con esto polligallo, no te preocupés.

—Esto no es posible hay que sacarlos ya. ¿Dónde está el fierro?

Se va a buscar el 38 largo y en el tanteo estropea mis velones, pisotea mis santos, riega por el piso monedas y billetes, quiebra una botella de Emulsión de Scott que tomo para mis pulmones y se esparce el olor a bacalao con remedio. Que haga lo que le dé la puta gana, es su negocio.

—¡Dame el revólver Memo! —Me estira su brazo, en vez del trueno le pongo en su mano temblorosa un tintero doble de amarillo, se lo bebe sin pestañear y aprovecho para servir el mío.

—Todavía no es el momento ni el día para usarla.

El rostro de Catalino se relaja y la ira lo abandona lentamente. “Tu precio/ pude haberlo pagado/ sin tener que entregarte el corazón/ tus ansias pude haber saboreado/ no sabía que eras romance de ocasión…” Se adormeció entornando los ojos como si mirara un amor del pasado. Casa de Mangle es nuestra casa, Catalino Mayembe, tu herencia muchacho, así que debés ser orgulloso y soberbio, como hoy, en adelante. Me dice Cachimbo que yo le caigo bien a la muerte y no debo temerle, que si se acerca es para distraerse con mi gracia, no para llevarme. Por eso será que tanto “pájaro” viene aquí a pasar un rato en paz, antes y después de su jornada.

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