LA SOLEDAD DEL LECTOR

soledad del lector

Por Ásbel Quintero

David Markson, periodista y escritor norteamericano y cercano a la generación Beat, dejó influencias marcadas sobre la manera de narrar tanto en los jóvenes de entonces como a los de ahora. Esta novela es una propuesta novedosa porque se rebela en cuanto que la estructura clásica tiene unos espacios definidos: personajes caracterizados en lo social o psicológico, narradores y un lenguaje alrededor de formas que hacen de la prosa una manera clara a diferencia de otras escrituras como el poema, la épica, el artículo periodístico o las reseñas.

La novela está escrita más cerca del aforismo de los filósofos o del razonamiento corto de los estetas que pretenden estar cercanos al pensamiento. Los textos son tan breves y llenos de sugerencias que al final te das cuenta que el autor se interesó en jugarle una buena pasada al lector. Aunque el lector es un personaje central de esta obra, sí encontramos un narrador entre razonamiento y otro para embolatar la idea de una estructura formal. A pesar de la prestidigitación sí hay algo que la caracterice como novela: un narrador difuso y un personaje aleatorio; ambos desde la imaginación del lector.

La importancia de la información dada es tal que nos acercamos a una enciclopedia en breves instantes y con dosis bien elaboradas para crear un ritmo asombroso que va seduciendo al lector; no quedando otra opción que seguir y seguir hasta la última página. Puede suceder que no estemos de acuerdo con muchos de los pensamientos que se entregan, pero eso es lo interesante del relato que se entrecorta a cada momento y regresa a la continuidad del chorro de la información dosificada. Cada lector puede ver realizada su información desde la filosofía, las ciencias, el ensayo y la literatura en donde se dice quiénes se suicidaron, quién fue infiel, qué trucos eran anormales en las relaciones sociales, qué fraudes se dieron entre grandes figuras de la historia de nuestra cultura y quién era antisemita.

La novela no contiene párrafos, no define personajes, no desarrolla una historia y una trama en el tiempo. Es una propuesta diferente que logra en 200 páginas y más hacer que sigamos el relato a pesar de las formas diferentes de contar ese todo. Quizá estemos frente a la realización de una propuesta entrevista por escritores diferentes como James Joyce, Samuel Beckett, Julio Cortázar y Hermann Broch, entre otros.

El interés está dado en la diferencia que arrastra desde la pequeña frase con información de fondo y bien escrita para causar un efecto positivo en el lector. La historia queda en manos del lector que, como se dijo antes, se convierte en personaje del relato.

Dos hechos finales. El inicio con la frase “Ayer alguien me saludó con la cabeza en la calle” y como termina “Tacho de basura”. Ahí queda la sugerencia. Aquí se asemeja al párrafo inicial de la novela “Pedro Páramo” y la palabra final de “El coronel no tiene quien le escriba”.

Descarga libro: La soledad del lector – David Markson

Anuncios