Meditaciones sobre la paternidad

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Por L. C. Bermeo Gamboa

Cuando nació la primera de mis hijas —tengo dos y las considero gemelas por razones que aquí no abordaré— empecé una serie de meditaciones sobre la paternidad o una De consolatione paternitatis, tal vez para aprovechar la situación como estímulo literario o mejor como terapia para afrontar la realidad. Durante más de un año estuve cuidando a mis hijas en el hogar, mientras la madre nos mantenía, así que de uno u otro modo terminé escribiendo para dar testimonio de ser padre, tal como lo habría hecho un soldado en guerra, cuando me dejaba espacio la batalla iba a mi trinchera sacaba mi cuaderno de notas y escribía:

  • La paciencia no es suficiente, para esto se debe tener un don, como para el arte, de lo contrario será una tortura sin sentido.
  • “¿Sabes quiénes son los malos padres? Aquellos que olvidaron sus pecados de juventud”. Jacques El fatalista, Denis Diderot.
  • Un buen día de casados sin los hijos es un pésimo día de padres con los hijos.
  • Mi esposa dice que quiere otra niña y un niño, pero más adelante. De ser así terminaría convirtiéndome en el Rey Lear, respondo para disuadirla.
  • El buen padre nunca estará orgulloso de sus hijos.
  • Terminamos por acostumbrarnos a la continua interrupción de nuestras hijas, y nuestra esposa, cuando leemos. Ya no sé cuántas veces he tenido que discutir por esto, terminar un libro resulta una proeza en medio de Por favor papá puedes… o Papá ayúdame… o Qué estás leyendo o Ha llamado alguien… Entonces cierro el libro y sabrá Dios cuándo lo vuelva a abrir.
  • Cuando le preguntaron por su padre, así respondió el hijo de Estanislao Zuleta: “Fue un mal padre, pero un hombre muy inteligente”. Sin embargo, en su tumba hay escrito un poema de Hölderlin.
  • Yo fui criado por mis abuelos, es decir, mimado por mis abuelos. Si de algo sé es de malcriar niños, pero mi deber es ser padre.
  • Esta es la mejor experiencia que un hombre puede tener para llegar a aborrecer a la raza humana.
  • Libramos una batalla civilizadora contra la barbarie de nuestros hijos (Julio Ramón Ribeyro lo dice en una de sus Prosas apátridas).
  • No comparto la idea de permanecer siempre junto a los niños, característica de la mayoría de ‘buenos padres’ modernos cuyo desespero y vacío pretenden llenar con sus pobres hijos. Considero que debemos darles como hijos, y como individuos, el privilegio de la soledad, que desde temprano la enfrenten, se hagan amigos y encuentren su mundo interior. De la soledad depende la imaginación. Quiero que mis hijas, más como mujeres, se entiendan con la soledad, porque de cualquier modo sufrirán el abandono.
  • Una buena tarea para dejar encargadas a tus hijas: Limpiar la biblioteca.
  • Los hijos temen a los padres cuando los padres temen a los hijos cuando…
  • No pidieron venir a este mundo y como afrenta te robarán todo el tiempo que tengas.
  • Una novela cuya narración es continuamente interrumpida por la cotidianidad del autor quién está lidiando con sus hijas mientras escribe la novela.
  • Eventualmente te sentirás feliz de ser padre, primitivamente feliz de haberte reproducido.
  • La desagradable familiaridad del olor de los excrementos de tus hijas.
  • Tú eres el argumento que tienen tus hijos para no seguir tu ejemplo.
  • Expiar las culpas de un mal esposo siendo un buen padre, así del pecado a la revelación de una vocación han sido las vidas de todos los santos.
  • A veces los dioses, o sea los hijos, lloran por una buena razón y nosotros los viles mortales sonreímos al verlos.
  • Todos los niños son agradables, incluso nuestros hijos.
  • Si son más de una no las enfrentes juntas, divide y vencerás.
  • Hay que enseñarles también a desobedecer, aun cuando sea a nuestra autoridad.
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