Cinco Relecturas del 2014

libro_1362951524

Por Edgar Cuero Córdoba (Escritor y artista plástico)

Suite francesa, de Iréne Némirovsky. (Kiev, 1903 – Auschwitz, 1942)

“El teniente Bruno von Falk presenta sus respetos a ambas señoras Angellier y les ruega tengan la bondad de entregar al soldado portador de estas líneas las llaves del piano y la biblioteca. El teniente se compromete, bajo palabra de honor, a no llevarse el instrumento y a no destrozar los libros”.

La lectura de esta novela trae el recuerdo de historias que se repiten, pero con distinta luz focal, con encuadres modificados, mostrando que la diferenciación de razas y de clases sociales mantienen latente un holocausto en cualquier esquina. Necesario el recuento de Némirovsky para aguzar el ojo visor en el mundo actual.

El salto, y otros cuentos de Nadine Gordimer. (Suráfrica, 1923 – Johannesburgo, 2014)

“Cuando un determinado carpintero negro se saca una astilla de debajo de la uña, la gota de sangre que le sigue a ésta es de Teraloyna. Y cuando un determinado joven blanco, reclutado para el servicio militar acabado de salir del colegio, lanza una bomba de gases lacrimógenos a un patio escolar lleno de niños negros y recibe en la mejilla el golpe de una piedra arrojada, de los capilares rotos mana vital sangre Teraloyna. Es solo un rasguño, tuvo suerte: podría haber perdido un ojo azul”.

Al releer estos cuentos surgen imágenes del racismo bárbaro que aún se pasea vanagloriándose de su estupidez histórica.

La región más trasparente, de Carlos Fuentes. (Panamá 1928 – México 2012)

“¿Qué justifica la destrucción del mundo indígena, nuestra derrota frente a los Estados Unidos, las muertes de  Hidalgo o Madero? ¿Qué justifica el hambre, los campos secos, las plagas, los asesinatos, las violaciones? ¿En aras de qué gran idea pueden soportarse? ¿En razón de qué meta son compresibles? Toda, toda nuestra historia pesa sobre nuestros espíritus, en su integridad sangrienta, sin que sea nunca  plenamente pasado ninguno de sus hechos o sus hombres”.

La lectura de esta novela confirma que el cosmopolitismo de nuestras capitales y ciudades latinoamericanas es una desfachatez y una mentira profunda. El no querer sacudirse ese pensamiento atrasado de un actuar errático, hinchado de orgullo, al saberse de un extracto # tal.

Los Miserables, de Víctor Hugo (Besanzón 1802 – París 1885)

“El porvenir está en manos del maestro de escuela. Y le ocupaban mucho las cuestiones de educación. Quería que la sociedad trabajase sin descanso en la elevación del nivel intelectual de la juventud; y temía que la pobreza de los métodos actuales, la miseria del punto de vista literario, limitado a dos o tres siglos llamados clásicos, el dogmatismo tiránico de los pedantes oficiales, las preocupaciones escolásticas y la rutina, concluyesen por hacer de nuestros colegios bancos de ostras artificiales”.

Esta es la historia que nunca acaba de asombrar. Releer esta obra es someterse a un deslinde de ensoñación, de música, de belleza, de un arduo trabajo de lectura de ficción y de un asombro real ante una abultada riqueza única.

Masa y Poder, de Elías Canetti (1905 – 1994)

“Se calla lo que se conoce mejor. Es más preciso y es más precioso. El callar no solamente lo protege, hace que se concentre. Un hombre que calla mucho impresiona siempre como más concentrado. Se supone que sabe mucho puesto que calla mucho. Se supone que piensa mucho en su secreto, porque se encuentra con él cada vez que debe protegerlo”.

Como unas lecciones de antropología y de humanismo, no cabe duda, para Canetti y para este lector, los hombres siguen siendo, ese hombre primitivo de los primeros siglos.

Anuncios