ASOMBRO POR GABO

GGM (1954)
GGM (1954)

Por Ásbel Quintero Moncada

“La historia a veces no es muy seria en sus cosas”.

Juan Rulfo

La lectura de la novela Sostiene Pereira de Antonio Tabucchi me inspiró para iniciar esta nota de anticipación necrológica. Venía pensando que en algún momento recibiría la noticia infausta sobre Gabriel García Márquez y me puse en la odiosa tarea de escribir algo como si se hubiera ido. Eso fue el jueves 3 de abril de 2014. Fui a la oficina de mi amigo Óscar Pombo para que leyera la nota manuscrita y después de leerla me dijo: “Has matado a Gabo”. Obviamente se entiende que era una forma de jugar con el destino.

El recuerdo fue surgiendo así: corría el año 1967 y para entonces estaba terminando la primaria; época de pocas lecturas, pero aún así tenía la memoria -entre gallos y media noche- del estruendo literario por la aparición de Cien años de soledad. Libro barato y de un autor poco conocido. Recuerdo que la editorial Suramericana, en la edición príncipe, lo imprimió con la E de soledad al revés. No tengo la menor idea si fue un truco publicitario o un error de imprenta, pero no importa. ¿Qué si lo leí en ese año? No. Tuve que esperar hasta 1970 cuando la literatura entró de lleno en mis actividades de joven ávido de lecturas.

El mundo alucinante, ingenioso y desbordante de imaginación atrajo mi atención. Quizá me quedé varado en esa vereda imaginativa del realismo mágico. ¡Claro! En esa época no sabía de escuelas ni movimientos literarios. Luego busqué datos, noticias y comentarios sobre la obra y su autor.

Los años fueron pasando y las obras de Gabriel García Márquez se convirtieron en lectura obligada. Después pasé a los comentarios y entrevistas con otros jóvenes lectores donde el asombro era casi el mismo. Muchas madrugadas nos sorprendieron en una banca del Parque Guerrero y el tema, obviamente era la literatura.

El coronel no tiene quien le escriba, la segunda gran obra de este colombiano, llegó a mis manos un tiempo después y fue otra grata experiencia, porque siendo anterior en diez años a “Cien años…”, sus recursos eran similares aunque sin la influencia de Rulfo. La gran diferencia entre una y otra radica en que “Cien años…” es una novela épica y “El coronel…” una novela “lírica”: una sinfonía con sus movimientos y acordes perfectos; la economía verbal como si fuera la prosa de un poeta. Ahora me convenzo que el mejor homenaje que le podemos hacer a una novela es leerla. Otro nivel sería cuando nos arriesguemos a hacer alguna referencia crítica después de su lectura. Como ven, ya se sabe que me inclino a pensar que la obra mayor de nuestro Nobel es “El coronel…”, luego “Cien años…” y después El otoño del patriarca, en cuanto a las novelas. Algunos de sus cuentos están entre los mejor logrados de nuestra literatura: Un día de éstos, El ahogado más hermoso del mundo, entre otros. ¿Qué tal En este pueblo no hay ladrones? Usted elige y está bien que así sea. Cada lector va formando su propia antología.

Este recorrido fugaz detrás de nuestro escritor me llevó a la parte periodística donde también fue un maestro y solo referencio el libro Notas de prensa 1980-1984. En él encontramos la frescura, el tono, la palabra, la técnica del narrador; el ingenio que pocas veces se complementan las palabras con formas tan disímiles del discurso escrito. La creación, el derroche verbal y humorístico están presentes en cada nota con la magia del prestigiador que sorprende a todos. Hay de todo y para todos. La experiencia del reportero-literato surge a cada momento para bien del lector sensible ante las obras bien hechas y oportunamente logradas.

El desdén frente a lo nuestro puede que nos cause abulia, pero la verdad es que somos afortunados de poder contar con uno de los nuestros como maestro de las letras universales. ¡Que así sea y por siempre!

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