Lecturas Perjudiciales

El hombre que hablaba con los pájaros

In Ensayos on 4 julio, 2013 at 1:49 PM
Konrad Lorenz (1903 - 1989)

Konrad Lorenz (1903 – 1989)

Por Julio César Londoño

Dicen que el rey Salomón tenía un anillo que le permitía entender los lenguajes de los animales,  y que fue así como descubrió valiosos secretos de la naturaleza y neutralizó las conspiraciones de sus enemigos. Que semejante sabio, haciendo girar en su dedo semejante instrumento realizara prodigios en esos tiempos llenos de dioses y de magia, es lo menos que uno puede esperar. Pero que un hombre repita el milagro en el descreído siglo XX —sin anillo ni varita— es francamente admirable. Ese hombre se llamó Konrad Lorenz y su rostro (pelo y barbas blancas) es famoso gracias a una foto que lo muestra sumergido hasta el cuello en un lago, flanqueado por dos cisnes que lo miman y besan y ‘despiojan’.

Konrad nació en Austria en 1903, y cinco años después ya era propietario de un circo que daba sus funciones los domingos en la granja de los Lorenz en Altenberg, una aldea cercana a Viena. Los artistas eran cuatro gansos montaraces, dos perros, una ardilla y un mono capuchino. Aunque bien amaestrados todos, la estrella del elenco era una rana blanca que sabía sumar. Los niños de la aldea tenían que pagar la entrada con trompos, monedas, cromos, peces de colores, mariposas raras, dulces, muñecos viejos o pedazos de pastel, porque Konrad no daba pases de cortesía a nadie, si exceptuamos a una vivaz niña pelirroja que sería su mujer.

El pequeño empresario creció y aumentó hasta el vértigo su colección de animales. Siempre vivió en casas campestres que olían mal, en compañía de cuervos, ratas, hamsters dorados, makis mongos, salamandras, gansos, grajillas, perros, peces y cacatúas de moño amarillo, porque prefería observar a los animales en libertad y a veces en hábitats inesperados, como por ejemplo una casa. Claro que estos amigos roían, brincaban, quebraban, reptaban, saltaban, rompían, chillaban y cagaban —preferiblemente sobre alfombra o muebles— pero por fortuna sus padres, primero, y la señora pelirroja, después, soportaban mal que bien la barahúnda.

A cambio, Lorenz llegó a ser la primera autoridad mundial en zoología y obtuvo el Premio Nobel de Medicina y Fisiología en 1973 por sus trabajos en el campo de la etología. No sé si alguien haya sabido más de animales que él, pero estoy seguro de que nadie ha sido más amigo de ellos, ni siquiera el mismísimo Francisco de Asís.

De los diversos campos del comportamiento animal, Lorenz se interesó especialmente por el de la comunicación. Confirmó que si bien el lenguaje de las hormigas era básicamente odorífero, como habían descubierto Jean Henry Fabre y Maurice Maeterlinck, cuando ellas necesitan precisión recurren al lenguaje táctil de las antenas, y descubrió que en los 4 primeros segmentos (son 11 en total) están inscritos sus “datos personales”.

Sobre todos los animales, Lorenz amaba los pájaros, los peces y los perros. A los perros les dedicó un tomo aparte, Cuando el perro descubrió al hombre. Podía pasarse días enteros mascando pipa frente a su acuario de cien litros. De los pájaros, se sabe que acostumbraban seguirlo en bandadas cuando salía a pasear en bicicleta por los caminos de Altenberg, y que cuando se aproximaba el invierno los vecinos podían verlo encaramado en el techo de la casa agitando frenético grandes banderas: trataba de llamar la atención de aves migratorias que volaban en dirección equivocada, rumbo al Norte. Parece que la operación, entre científica y mágica, arrojaba resultados muy discretos y que sólo lograba salvar unos cuantos ejemplares, pero para él ese puñado de vidas salvadas del frío era importante.

Lo encontraron muerto una tarde en su mecedora en el mirador de la granja. El súbito aneurisma no alcanzó a ensombrecer su expresión.

Dicen que fueron los mismos pájaros que Paolo Ucello pintaba los que le revelaron las leyes de la perspectiva. Yo creo que a Konrad Lorenz sus animales le enseñaron el secreto para morir en paz.

Colaboración especial de Julio César Londoño para Barbarie Ilustrada

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