Lecturas Perjudiciales

En un bar nudista de Austin

In Reflexiones on 12 abril, 2013 at 2:29 PM
Eran dos tipos parecidos, merecían un encuentro y el azar lo propició en un bar nudista de Austin durante la gira promocional del Ace of Spades (1980).

Eran dos tipos parecidos, merecían un encuentro y el azar lo propició en un bar nudista de Austin durante la gira promocional del Ace of Spades (1980).

Por JA Hernández Cajamarca

Es natural que las personas se parezcan, pero no en esta época capaz de modificar todo. Por eso las coincidencias me provocan curiosidad. Parafraseo a Emerson: “El hombre es una completa enciclopedia de hechos y en el primero de ellos se encontraban ya Grecia, Egipto, Roma y América contenidos”, si la cosa es así, para nada sirve enumerar las características que compartan un poeta y un músico del siglo XX: ambos son hijos de postguerra, es inevitable que sean traumados o huérfanos, o huérfanos y traumados; posiblemente la guerra les devolvió padres neuróticos, paranoicos, borrachos y mujeriegos de ánimos irrecuperables.  El hombre es uno sólo, la idea de Emerson no  se limita a las características idílicas que el hombre incluía en el principio de los tiempos; en el primero de nosotros también se contenían las desgracias y atrocidades que hemos aportado para la historia, irremediablemente, esto nos sigue emparentando; pero tampoco descarto el lado festivo que nos vincula, reunirnos a tomar cerveza y escuchar música son hábitos que no hemos perdido y estoy seguro que la felicidad de nuestra civilización mejoró al ser inaugurada la primer taberna.

Vuelvo a Emerson que decía: “Existe una mentalidad común a todos, así, cada vez que se menciona un hombre nombramos a la humanidad”, somos educados para compartir unas características casi idénticas y vivir para atenderlas: el estudio, el trabajo, el éxito, el consumo, la familia, y por supuesto evitar el pensamiento; este es un siglo que abusa del tópico, a las personas se les entregan listas para ser digeridas todo tipo de ideas prefabricadas. Emerson, te interpretaron mal, lo que pretendías era un juego poético, mamar gallo, sonar trascendental, no buscabas reducir categóricamente al hombre. Es inevitable que con el tiempo y las experiencias indicadas cada uno adquiera formas distintas de pensar, ver y hablar el mundo, el arte tolera esas cosas, las normas sociales no. Un estado físico no menos noble que el de la creación, la embriaguez, le permite al hombre ser lo que se le antoja. Lemy Kilmister y Charles Bukowski están asociados por la ebriedad, las mujeres y el asco que el mundo provoca.

Todos saben que Bukowski nació en una época difícil para la economía alemana, resultado de la primera guerra; Lemmy nació en la postguerra de la segunda. El padre de ninguno de los dos combatió en el campo de batalla, pero no eran ejemplares; Bukowski vivió con sus padres, sufrió las consecuencias de un padre iracundo —ése es un dato que todos los que no lo han leído conocen—, el padre de Lemmy se marchó de casa cuando el muchachito tenía tres años. No les asocio porque sean un músico prodigioso y un escritor fundamental para la experiencia leída, son dos tipos rudos y obscenos que desprecian la forma en que las cosas han funcionado las últimas décadas y enfermos apostadores, uno al casino el otro al hipódromo. Son el tipo de mensajeros que nos recuerdan que la idea de libertad no está tanto en la cultura como en las licencias que cada uno se concede, si uno puede mezclar las dos, tiene medio cielo garantizado.

En diferentes canciones y la actitud que demuestra hacia los sellos discográficos con los que ha grabado, Kilmister se ha ganado la fama de arrogante, a Bukowski tampoco le conmovían los grupos, era un tipo aislado. Ser un inmigrante alemán después de la primera guerra a EEUU no fue un antecedente que le ayudara a lidiar con el patriotismo norteamericano cuando empezó la segunda.

Bukowski no fue considerado buen autor por la crítica norteamericana, muchos se limitaron a considerarlo un mal imitador de Hemingway. Sus recitales después de tener cierta fama, eran tan estridentes como una ceremonia protestante, Bukowski causaba un efecto extático en todo tipo de locos y locas que lo veían como un modelo a seguir, un mesías borracho, las muchachas pedían a gritos ser preñadas. Ese tipo de parodias levantaron una atmósfera de desconfianza que cubría al autor, esas cosas que nada tenían que ver en la consolidación de una obra, siguen influyendo a la hora de hablar y leer a Charles Bukowski, pocos autores se han visto tan perjudicados por el entusiasmo de sus lectores. La NME (New Musical Express) concedió a Motörhead el premio a la “Mejor peor banda del año” gracias a su primer álbum (1977), los integrantes se cagaron de la risa cuándo les notificaron el galardón, siguieron tocando y a pesar de ser una banda ruidosa, es de las más influyentes del rock. Eran dos tipos parecidos, merecían un encuentro y el azar lo propició en un bar nudista de Austin durante la gira promocional del Ace of Spades (1980):

Lemmy salió en búsqueda de un bar dónde poder ver un poco de “carne” el tipo no es un experto en los elogios –The chase is better tan the catch no es la canción más delicada para pedir compañía- el show nudista está por empezar, pide un trago de Whisky y una Coca-Cola. No se fija en las bailarinas —no le importan tanto como la gente piensa—, pero es una costumbre que se niega a romper. Luego va a la barra, pide otro whisky y se queda un rato sentado. A su lado se sienta un tipo más feo que él mismo, esto lo impresiona. Ése hombre con el que compartía la barra, era Hank, un tipo que estaba viviendo en Austin y tenía las esperanzas disueltas de su futuro como escritor. El encuentro se redujo a un cruce de palabras, no era decisivo que estos dos se hicieran íntimos amigos. Preguntó el primero ¿muchas mujeres? Suficientes, contestó el segundo.

La conversación se redujo a un inventario de senos y escotes, no les importaba nada más. Para que se conocieran hacía falta que el poeta escuchara al músico y que éste leyera al poeta, allí están las verdaderas afinidades, el dialogo que la música de Motörhead puede sostener con la obra de Bukowski es extenso y entusiasta. La cosa pudo ser sentimental, luego de unas cervezas y un ambiente de camaradería Lemmy podía decir a Bukowski. “Tranquilo hombre, mi banda fue calificada la peor y ahora nos emborrachamos, follamos y comemos”, pero no.

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