Colombia Iletrada (Capítulo 2)

No leer es mi cuento

Por LC Bermeo Gamboa

Yo sé que ninguno se perdió este reality show pedagógico y que a lo largo de estas 16 semanas estuvieron pendientes y enviaron sus SMS para apoyar a su favorito, por eso me ahorro explicaciones y empiezo con el reto final, no sin antes recordar a nuestros participantes eliminados pero que se ganaron el corazón de los televidentes.

La aparición fugaz pero memorable de Jorge Barón que no pasó la prueba de creatividad, se le pidió un cuento y en vez de, escribió un anuncio publicitario para Noxpirín cuyo personaje era Simón El Bobito resfriado, se excusó en que a la gente se le puede entretener mientras se le vende algo, que el Hay Festival es una copia del Show de las estrellas, que si querían vender más libros lo hicieran en diciembre. También la señorita y poetíca Piedad Bonett que se retiró antes de los resultados de la prueba de redacción donde se les pidió a los concursantes escribir un artículo de opinión, alegó que ella no participaba en ningún concurso donde el director de rifas, juegos y espectáculos no fuera su ex-presidente Belisario Betancurt. Shakira, quién se puede olvidar de ella y sus dos hijos, Ublime y Milan. Pero en Colombia Iletrada sobresalió por ser la única políglota, y ya que puede cantar el waka waka en cualquier lengua, y para que diera ejemplo a la nación su reto fue leer El cantar del mio cid que según nuestros asesores literarios está escrito en español. Shakira dijo que se lo iba a leer a los bebes para dormir, se fue y no volvió a la casa estudio, o sea una casa para estudiar. Álvaro Uribe se negó a participar porque esas cosas de literatura son para maricas y como él sólo conoce a dos escritores antioqueños que son Fernando Vallejo y Porfirio Barba Jacob.

Al margen del reality, es decir, en la vida real, una organización sin ánimo y sin lucro llamada Colombianos y colombianas sin talento hizo la denuncia pública en la que aclaraban negarse a participar en este espectáculo, porque: 1) una cosa es que las personalidades y famosos colombianos tengan más oportunidades y mejor sueldo  -esto gracias al clientelismo generalizado que va desde la política, pasa por la educación y llega hasta la cultura- y otra muy diferente es que sean más inteligentes y cultos que el común de los colombianos; 2) que a Colombia se lo ve como un país, no sólo violento, sino ridículo, que por fortuna cuando alguien del extranjero viene y conoce a un colombiano cualquiera sabe que hay otro país fuera de las pantallas, que no busca protagonismo ni fama, sino entender su situación y vivir con inteligencia en el conflicto.

Al final sólo quedó un participante: Luis Carlos Vélez, y nuestros jurados Camilo Jiménez y Héctor Abad Faciolince, decidieron ir con él hasta las últimas, ya que consideraron propio de filántropos educar a un periodista. Entonces, como Luchito demostró que no sólo sabía perorar e interrogar frente a las cámaras de su noticero, sino que hasta escribía como los mejores, tanto como su maestro Faciolince del que aprendió incluso el arte mayor de escribir perfectos sonetos endecasílabos con sinalefa y serventesios provenzales. Ante esto, muchos televidentes sospecharon que tanta genialidad era un engaño y que todo eso lo escribían los reporteros esclavos de Caracol Noticias.

Luego, para demostrar que Luchito no era ningún mediocre, sino un genio incomprendido, es decir, un periodista maldito, como los famosos poetas que se dice. Entonces, el mayor reto que se le podía imponer era precisamente leer, pero no leer un Teleprompter –algo que el DANE todavía no incluye en sus índices de lectura- , sino un libro. Los productores exigieron que el libro tenía que ser una obra colombiana que todos hayan leído, tenía que ser, claro está, Cien años de soledad de nuestro nobel Gabriel “El Gabo” García Márquez. Cabía la duda de que Luis Carlos, un hombre letrado y de mundo ya lo hubiera leído, sin embargo nuestros investigadores se enteraron que en bachillerato había reprobado español y lenguas de noveno grado, que tenía una excusa firmada por su papá de que no le había quedado tiempo, ya que se la pasaba en partidos de fútbol.

Aparte de esto sólo quedaban dos emisiones del reality, es decir, que estaba obligado a leer completo el libro en muy poco tiempo, dijo que eso era una lectura maratónica, que nadie podía sentarse tanto tiempo simplemente a leer, ni que la lectura fuera un deporte que exigiera destrezas o un trabajo físico que es lo que vale. Que para qué leer ese libro si Gabo ya se iba a morir y él ya no alcanzaba a entrevistarlo, que mejor le pusieran a leer uno de William Ospina que ese sí está vivo y ganando premios. Finalmente se leyó La franja amarilla y concluyó que es el mejor libro para colorear que se haya escrito en nuestro país, algo que ningún colombiano que quiera pintar como Botero debe dejar de leer.

Semanas después de la final de Colombia Iletrada se hizo una encuesta para comprobar si los colombianos leían más gracias a este reality pedagógico, con gran placer nos percatamos que muy pocas personas quieren ser tan brutos como un periodista y muchas desean leer sólo para pasarla bien y evitar comparaciones con alguien del mundo del espectáculo o de la cultura, además que ha bajado el interés por el color amarillo, que hoy en día la gente prefiere el azul o el gris. Además, me llamaron de Suecia para comprarme la idea, quieren hacer su propia versión de Suecia Iletrada.

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