Lecturas Perjudiciales

Vida y obras de San Poe

In Reflexiones on 19 enero, 2013 at 1:09 PM

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Por LC Bermeo Gamboa

El 19 de enero se celebra el día de San Germánico de Esmirna en la religión de mis padres. El mismo día, en esa otra religión laica, la literatura, nosotros, sus hijos devotos, recordamos a Edgar Allan Poe (1809 – 1849) un verdadero mártir que alcanzó las virtudes heroicas del santo: pobre, perezoso, borracho y genial.

Y como es sabido Poe quería era ser escritor no santo, sin embargo pasó desconocido por sus contemporáneos que cuando no lo ignoraban se burlaban. Entre sus desencuentros se conoce uno que tuvo con Charles Dickens mientras visitó Norteamérica, resulta que luego de una conferencia del clásico inglés se le acercó un muchacho pálido y desgarbado que apestaba a trago, el desconocido deseaba mostrarle unos cuentos, y como sucede con frecuencia, el maestro desdeñó al discípulo. Otro desplante pasó con su poema Las campanas (The bells) cuyos musicales versos decían: How the tinkle, tinkle, tinkle. Por esto se ganó un apodo de parte del sabio Emerson, el mismo que había apoyado a ese otro desconocido Whitman, que lo llamó The tinkle man (El hombre tintineo).

 No fue sino que muriera y empezaron a canonizarlo hasta que lo deificaron. Y podríamos decir que, si alrededor de un poeta se formara una religión, como lo desea Harold Bloom con Shakespeare, uno de esos dioses sería Edgar Allan Poe. Estuvieron de acuerdo Baudelaire que le rezaba todas las noches mientras traducía su obra al francés y de su influjo nacieron Mallarmé y Valéry, Julio Cortázar tradujo su obra al español, y en Colombia León de Greiff dejó para los devotos la Plegaria a Poe donde con un ruido de campana y de péndulo ora:

 ¡Oh Poe! ¡Oh Poe! ¡Oh Poe!

Genio del Signo fatídico!

Alma que en mí domina!

Faro de luces negras…!

Edgar Allan Poe es un creador por excelencia de escenas escalofriantes: sus gatos negros, sus torturas medievales, sus vivos sepultados, sus homónimos asesinos, sus muertos desdentados, sus bufones siniestros; de ahí que Borges le haya hecho uno de los más grandes elogios al definirlo como: un inventor de pesadillas, de atroces maravillas.

Hay otro Poe que, sin embargo, puede llegar a darnos música y ternura. Y es el que hallamos en sus poemas. Ese poeta resulta un alter ego del narrador, no un otro yo macabro, sino el otro yo amoroso, paciente y resignado de la vida.

Se necesitaba ser un hombre trabajador y confiado para dedicarse diez años a componer su famoso poema El cuervo (The raven), se necesitaba confiar en la inmortalidad del verbo, para regalar ese poema por diez dólares; un dólar por cada año de trabajo en una pieza maestra de la poesía gótica, del horror existencial y de la música verbal del siglo XIX.

Al contrario de lo que muchos piensan, y el mismo poeta lo hace suponer, Edgar Allan Poe no era un sujeto cerebral y cruel. Tuvo que ser un ángel delicado, debió amar como nadie para componer hermosos versos como los de su inmortal Annabel Lee:

 It was many and many year ago,

                        In a kingdom by the sea,

That a maiden there lived whom you make know

                        By the name of Annabel Lee;-

And his maiden she lived with no other thought

                        Than to love and be love by me.

Es así que el dios del horror, también es un dios del amor, y esa cara del santo es poco reconocida. Nadie niega que Edgar Allan Poe es un ícono tan popular como una calabaza en época de Halloween; el cine y la música lo referencian, su rostro está en camisetas y en tatuajes, es admirado por especialistas de la novela negra, así como por jóvenes góticos y emos, incluso en la astronomía se estudian sus teorías sobre el universo expuestas en el libro Eureka. Se ha convertido en un símbolo. Al margen de esa reivindicación popular, hubo un Edgar Allan Poe real, uno que nunca dejó de ser pobre, el feliz amante que vivía en una choza junto a su esposa – una niña de trece años- con quien padeció el hambre, a quien vio morir en su lecho de paja por la tuberculosis y cuya tristeza no pudo soportar más que dos años. Y como somos devotos de la imaginación, podemos llegar a creer que ahora los dos amantes viven felices en ese reino junto al mar.

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  1. ¡Oh Poe! ¡Oh Poe! ¡Oh Poe!

    Genio del Signo fatídico!

    Alma que en mí domina!

    Faro de luces negras…!

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    • ” ¡Oh Poe! ¡Oh Poe! ¡Oh Poe!

      Genio del Signo fatídico!

      Alma que en mí domina!

      Faro de luces negras…!”

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