El domador de biblias (o de cómo me hicieron católico)

Por LC Bermeo Gamboa

El niño que fui entonces, y que sigo siendo, siempre tuvo terror de ese voluminoso libro negro con letras doradas en la portada que decían esas pesadas palabras: Sagrada Biblia, le tuvo tanto terror que siempre pensó que lo más seguro era no abrirlo quién sabe qué monstruos saldrían de allí.

Y desde luego quedé tentado, aunque como escuché por allí, Dios creó al gato para que el hombre pudiera acariciar al tigre, entonces no me privé de enterarme de ese asunto sagrado y buscando entre los libros de la biblioteca familiar hallé al gato que me permitiría acariciar al tigre. Se trataba de un libro editado en 1978 por la Watchtower Bible and Tract Society of New York Inc.  traducido a más 60 lenguas y que esas personas testigos de las puertas cerradas y de Jehová regalan por doquier.

Edición Hispana

El pequeño volumen llevaba el atractivo e indefenso nombre de Mi libro de historias bíblicas, además era amarillo y con letras rojas, luego lo abrí con confianza y descubrí que estaba completamente ilustrado y casi no había de esa cosas que yo apenas si entendía: las palabras. En sus páginas vi de todo, sofporn con Adán y Eva en el edén sin contar al señor voyeur de siempre, amarillismo con el asesinato del delicado Abel por el resentido Caín; geografía, fauna, meteorología a cargo de Noé ese arquetipo de Jacques Cousteau, paternidad con Abraham, arquitectura imposible y linguística con la Torre de Babel, la vida y desgracias del salado de Job, educación física y peluquería con Sanson, y N historias más que lograron captar mi atención y convertirme en una suerte de teólogo avant-la-lettre que ensayaba toda clase de variaciones de la escritura sagrada sobre la vida real.

Historia de Sansón y Dalila, parafraseada de la Biblia y con claras intenciones moralizantes. Las ilustraciones son de gran calidad.

Yo jamás fui a ninguna iglesia a exponer mis ideas como dicen que hizo ese culicagado de Jesús, sin embargo les voy a contar sucintamente algunas de mis especulaciones: primera, resulta que a Jesús lo crió un tipo que no era su papá, el que le respondió a María fue José alma bendita y crédula, lo cual quería decir que papá dios no era ningún santo, dicen que nunca se apareció por el pueblo pobre y judío donde vivía su hijo, que no le mandó plata siquiera y que Jesús lo llamó muchas veces y no le respondió, en fin el pobre se murió sin conocer a su verdadero padre, aunque María le decía: “Sos igualito a tu papá el que vea a Dios no podrá negar el parecido, pero el maldito se voló”.

Segunda, una vez luego de una profunda reflexión en la que me tardé unos 10 o 15 minutos, llegué a pensar que el universo había sido concebido como un juguete de algún niño divino y eterno, que llaman Dios. El niño dios está jugando con el universo y mientras los hombres maduran rápido, el niño dios tardará eternidades de infancia para alcanzar la madurez. Como todo niño es cruel y las reglas del juego nos rigen a su albedrío que es el azar, en ese caso estamos en tiempos de la infancia de Dios -desde aquí entré en éxtasis y comencé a improvisar mi propio apocalipsis-: será que cuando este niño madure hará como todo adulto que se arrepiente de las estupideces infantiles, o será que en medio del juego se le pierda el universo o en un ataque de irá lo destroce para hacer uno nuevo que le agrade más. Hasta allí llegué y no quise pensar más en el asunto.

A quiénes sí les contaba mis teorías era a mis padres, mi mamá sorprendida le decía a mi papá: “Mirá lo que dice ese muchacho, no respeta la Biblia”, y éste le respondía: “No te alarmés que son niñadas, igual ya lo bautizamos”. Y luego, como buen católico hice mi primera comunión, y hasta me confirmé.

Lo que sucedió luego, entre el tiempo que un católico tarda en cumplir los dos sacramentos antes mencionados – aclaro esto para que entiendan mis lectores musulmanes- pasó algo trascendental, fue entonces cuando me atreví a acariciar al tigre y resultó que estaba manso, sin darme cuenta me había convertido en un domador de Biblias. Esto no se lo dije a mis padres, aún les recibo la bendición y he encontrado muchas excusas para no ir a misa.

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1 Comment

  1. No hay que olvidar la historia sagrada, enseñada antes en escuelas y colegios. Amena solamente por las mismas ilustraciones, en blanco y negro y con una fuerza corporal increíble. No podemos dudar de las misas de hora y media, en latín y de espaldas y en ayunas a las que nos hacían asistir. Con desmayo incluido. La blibia es un recuerdo de buenas historias.
    Edgar Cuero Córdoba.

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