Diálogo con la Deidad

“El que acaricia un animal dormido”.
(Los Justos, 1981)
Jorge Luis Borges

Iniciaba el día,

indiferente al amanecer,

Borges se levantaba

luego de su noche de insomnio,

tuvo una pesadilla y se propuso

contarle aquéllo a Madre.

Más tarde recordaría que ella

había muerto y que su relato

sólo fue pretexto para representar

un drama cotidiano frente a las

cosas que fueron de Leonor.

Se fingió solo al levantarse,

pero una deidad lo acompañaba,

Beppo su gato le preguntó:

poeta ¿te gustaría recuperar la vista a

cambio de tu obra?

Borges se negó.

El micifuz replicó:

¿no quieres ver la India?

Sentado en su cama

y acariciándole la nuca, dijo Borges:

Siglos atrás fui un gran califa,

Xariar, así me hacía llamar y después

de asesinar a mi infiel esposa juré

vengarme de todas las mujeres de mi reino.

Pero una noche cuando conocí a la hija de mi visir,

antes de poder culminar mis intenciones,

ella inició una historia que se alargó por

mil noches y una noche, recuerdo

 perfectamente los hechos, fue en India.

Beppo que ahora se encontraba

sobre el marco de la ventana, maulló:

¿por qué, entonces, deseas volver?

A lo que Borges aseveró:

en todas esas noches nunca vi el rostro

de aquella mujer, Xeheraxada así

dijo que se llamaba, por alguna razón

Alá me inhibió de mirarla;

cuando fui rey y ahora ciego

conservo la misma fortuna para hallarla:

su voz.

Un destello de bigotes a cola recorrió

el cuerpo de Beppo, su pelaje se iluminó.

Borges por fin volteó su rostro hacia la ventana

al sentir que el calor del sol había entrado.

Poema del Libro de pan, 2010.

Autor L. C. Bermeo Gamboa

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