Los judíos errantes en Facebook

LC Bermeo Gamboa

 La red social Facebook es una niña de 8 años muy amigable, que aún no piensa del todo en el sexo y que jamás se le ha ocurrido que pueda llegar a morir. Desde el 2004 cuando fue fundada al día de hoy Facebook tiene 900 millones de usuarios que, desde luego no son inmortales, por lo tanto es lícito suponer que algunos se hayan muerto y ahora sean, en la web, unos fantasmas virtuales cuyo perfil aún está activo.

Y como Mark Zuckerberg es un tipo que no cree en fantasmas, ni siquiera en el amigable de Casper, entonces puso a su gente a trabajar en las políticas de uso de datos, que en últimas es lo único que creen en Silicon Valley California (Valle del silicio), allá donde están Microsoft, Yahoo!, Gmail y Facebook no creen en personas, sino en datos.

Una de esas políticas le incumbe a la gente que se muere, o más bien a los que se van a morir, se trata de la opción de convertir el perfil de un fallecido en una Cuenta in memoriam donde sólo los amigos y familiares que el usuario tuvo en vida pueden acceder, para hacerlo es necesario que se llene un formato de denuncio de muerte, así mismo el perfil se puede cancelar con una solicitud formal de parte de un familiar.

A pesar de esta salvedad, los datos no son eliminados del todo, la compañía siempre los va a conservar y según el contrato que aceptamos al abrir nuestro perfil, Facebook puede hacer lo que quiera con esa información.

Es decir, el usuario siempre estará yendo de una base de datos a otra, recibiendo invitaciones de algún usuario vivo y desprevenido, de aplicaciones y juegos, pero eso no es lo peor, su perfil puede ser jaqueado y cualquiera puede manipular la información personal que haya dejado, desde secretos personales hasta números de cuentas bancarias. Ante estas posibilidades funestas, donde la reputación del fallecido y su integridad están en juego, no podríamos decir con tranquilidad: “Descanse en paz”.

En la crónica Duelo en la red la periodista Carol Ann Figueroa, nos cuenta que preocupados por este fenómeno dos argentinos: Alejandro Tortolini y Enrique Quagliano promueven la campaña “Reinventando el olvido en Internet” con la que buscan regular el tiempo y uso que las compañías de Internet hacen de la información de los usuarios, establecer un derecho de los usuarios a decidir el tiempo que nuestra información debe circular en la red, incluso plantean la idea de una ciudadanía digital: “Internet es un territorio virgen. Es una especie de isla a la que todos estamos recién llegados y en la cual tenemos que establecer reglas de convivencia en igualdad, donde podamos ejercer nuestros derechos en lugar de ser simples consumidores” afirman.

Mientras las iniciativas por una vida y muerte digna, también en la web, que se vienen desarrollando desde Argentina, desde España con la Agencia Española de Protección de Datos, desde Francia con la Comisión Nacional de Informática y Libertades, mientras se consolida una pedagogía pertinente al medio donde se tengan en cuenta no sólo “las ventajas” tecnológicas, sino las implicaciones psicológicas, morales y culturales; los usuarios debemos ser responsables, o al menos asumir las consecuencias.

Dice la leyenda medieval que el hombre que negó un poco de agua a Jesús cuando iba por el vía crucis quedó condenado vagar por el mundo sin esperanza de morir, a este hombre se le conoce como El judío errante, y sólo hasta la segunda venida del salvador será perdonado y podrá descansar en la paz de la muerte y el olvido. ¿Qué pecado habrán cometido estos judíos errantes de Facebook, nada tan grave como negarle agua al hijo de Dios? Tendrán que esperar a que venga cristo y los elimine por completo de la web.

Vean The World Is Obsessed With Facebook (El mundo obsesionado con facebook), noten que entre tantos datos nunca se mencionan las cifras de los usuarios fallecidos.

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