El mundo en su actitud de entrega

(De la crítica al erotismo)

Cuerpo de mujer, blancas colinas, muslos blancos,
te pareces al mundo en tu actitud de entrega.

 Por Ásbel Quintero Moncada

Algo de nuestro ego se agranda cuando encontramos a alguien que se interese en la lectura de las cosas que escribimos. A veces surge el temor por las críticas porque no estamos preparados para ellas. Aunque no se trata de eso, es bueno que alguien dedique algo de su tiempo intelectual a analizar lo que uno escribe.

La gran mayoría de los escritores sienten cierta alergia hacia los críticos. Quizá porque se ha creído que criticar es destruir o descalificar el trabajo del otro. Respecto a esto habría que decir que no hay crítica buena o mala, hay crítica. ¿No será que los que nos arriesgamos a escribir no estamos preparados para la crítica? Ahí hay todo un tema de largo respiro para auscultar cuál es el papel de uno y otro. Estar seguro de lo que se hace y prepararse de tal forma que no tengamos dudas frente a las cosas que hacemos sería el antídoto contra las voces discordantes. Recordemos que los grandes libros no siempre fueron recibidos amablemente y con la suficiente profundidad al momento de la edición príncipe. Ulises de Joyce es uno de ellos, Hojas de Hierba de Walt Whitman, es otro. Las dos primeras novelas de Ítalo Svevo pasaron sin novedad. En ocasiones así sucede. Lo contrario también se da: El padrino de Mario Puzo fue un éxito en ventas, Papillón es otro ejemplo.  Hoy son obras comunes y corrientes, mientras que los clásicos siguen ahí, vigentes y frescos como si el tiempo no pasara.

El artista debe estar por encima de esa cotidianidad, trascender su momento histórico como lo hicieron tantos otros: lograron imponerse a las adversidades y posicionaron su versión de la vida, su concepción frente a la naturaleza y la sociedad.

El escritor debe prepararse para que su obra tenga la calidad y la independencia que necesita. Un libro publicado deja de ser del autor y pasa a ser del lector. Ya el tiempo dirá qué tanta calidad tiene. Las campañas de mercadeo son buenas y, a su vez, dañinas para este tipo de creación. Imponer una lectura, obligarla no es aconsejable ni para el momento histórico ni para la obra.

Las reseñas de las revistas especializadas y desde la objetividad son otra de las buenas maneras de posicionar un texto. El lector está presto a escuchar recomendaciones de los expertos, que normalmente son otros escritores o poetas. Las campañas publicitarias ayudan poco y si tienen éxito son temporales, transitorios. De pronto habría que considerar el flujo de dinero de la temporada.

No queriendo decir esto que no esté de acuerdo con que las obras se vendan y den garantías económicas a los autores; el arte por el arte es una concepción ilusa y efímera. El escritor, igual que otros trabajadores, necesita garantizar su subsistencia y poder seguir produciendo, creando. Cuánto mejor si su obra se vende y da esas posibilidades. Aunque ahora escribir poesía y vivir de ella no es posible. El poeta entiende que debe vivir de otras cosas, otras labores y que crear poesía es otro oficio que le da satisfacciones personales y muy raras veces independencia económica. Pero ¿qué es un poema, un cuento o una novela? La manifestación de un espíritu sensible. ¿Qué es la poesía?

La poesía es la mejor forma de mostrar el estado de ánimo de alguien que puede pasar de la excitante hilaridad a la más angustiante tristeza. De ahí que haya tanta variedad de formas de hacer lírica: desde la oda, la canción a la elegía. El problema es cuando los estados de alegría se vuelven románticos, en el mal sentido de la palabra, y los estados de angustia elegíacos. Digo problema por nombrarlos de alguna forma. Mejor sería decir cualidad. Obviamente no es recomendable el romanticismo barato, melifluo y sin calidad. Es más grato el erotismo. Éste es más trascendente que el sexo aunque su primera fase es aquél. El erotismo es la capacidad del imaginario nuestro que llena de arte la percepción del cuerpo humano. Si se permite hablar, por ejemplo, de las veces que una pareja experimenta y siente cuando se desean. Hay una sensación agradable que excita. Imaginar la desnudez de esa persona, sin limitaciones o prejuicios; un encuentro furtivo. Aquí aparece el poema o la voz del poeta que es capaz de decir con poco mucho. Volver el lenguaje un instrumento de lo bello y sugerir imágenes que retoman aquellos instantes vividos o por experimentar.

Cuerpo de mujer, blancas colinas, muslos blancos,

te pareces al mundo en tu actitud de entrega.

Mi cuerpo de labriego salvaje te socava

y hace saltar el hijo del fondo de la tierra.

Fui solo como un túnel. De mí huían los pájaros

Y en mí la noche entraba su invasión poderosa.

Para sobrevivirme te forjé como un arma,

como una flecha en arco, como una piedra en mi honda.

Pero cae la hora de la venganza, y te amo.

Cuerpo de piel, de musgo, de leche ávida y firme.

Ah los vasos del pecho! Ah los ojos de ausencia!

Ah las rosas del pubis! Ah tu voz lenta y triste!

Cuerpo de mujer mía, persistiré en tu gracia.

Mi sed, mi ansia sin límite, mi camino indeciso!

Oscuros cauces donde la sed eterna sigue,

y la fatiga sigue, y el dolor infinito.

(Pablo Neruda, Poema I)

Volver sobre los versos de un hermoso libro como “Veinte poemas de amor y una canción desesperada” es retomar esos instantes fugaces que el amante tuvo ante su objeto de deseo. Este pequeño e inagotable libro es fuente buena de la mirada erótica que el poeta aún joven fue capaz de captar de los atribulados momentos que incita el cuerpo de la mujer. Cada cual verá qué tiene en mente frente a la posibilidad de realizar sus deseos. Hay que ser un gran admirador de la feminidad, la delicadeza y la belleza de la mujer. Aunque los pensadores digan que la belleza es efímera y cultural, bienvenidos esos pocos instantes que nos dan las obras de arte ante esa mirada.

Un verso, un cuadro de Leonardo, el pequeño y corto instante de delirio frente a la realización plena del eros; ese poema inconcluso que esperamos volver a repetir o alargar en nuestra imaginación y no tanto en lo físico. Ahí los hombres perdemos las mujeres puesto que ellas pueden multiplicar sus éxtasis de vida y muerte, el clímax de la creación. El chorro de agua de la madrugada es un verso natural que llena de energía, el primer beso o la mirada inescrutable de la mujer en su lecho. La palabra no es más que un instrumento que trata de acercarse al acto de lo bello con imágenes mentales, pictóricas o musicales. Siempre dependiendo de la naturaleza y, en especial de la naturaleza, en nuestro caso, de la mujer.

 Cuerpo de mujer, blancas colinas, muslos blancos,

te pareces al mundo en tu actitud de entrega.

Ásbel Quintero Moncada: Poeta y Escritor colombiano, docente de la Universidad Santiago de Cali.


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2 Comments

  1. No creo que sea la alergia por la crítica de sus escritos sino por no estar a gusto con lo que se escribe, creo que los escritos ya sean de hombres o mujeres buscan primero que todo satisfacer sus propias necesidades que de los demás.

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