Para que Haya un poco de modestia

A los escritores esa «Gente de la mejor calaña espiritual», les convendría leer de vez en cuando el Diario que Adolfo Bioy Casares llevó de su amistad con Borges durante más de 40 años.

Este monumento de 1700 páginas ha comenzado a cobrar una importancia inusitada no sólo por los detalles y minucias de la vida de estos grandes autores, sino porque es un manual disperso en diálogos donde se observan suficientes ‘modelos’ de escritor –Oliverio Girondo, Ernesto Sábato, Victoria Ocampo, Eduardo Mallea entre otros– que Borges y Bioy Casares aprueban o descalifican a través de ironías que ocultan la exagerada modestia con que asumían el oficio de la escritura.

En uno de sus ensayos dedicados a Borges, el crítico colombiano Rafael Gutiérrez Girardot hablaba del “Gusto de ser modesto” y con ello se refería a que ningún escritor supo, mejor que Borges, dedicarse tan entera y completamente a la literatura, mientras exhibía la actitud más indiferente a los medios culturales y literarios de su época. No sólo premios y concursos le parecían fútiles, también las sociedades de escritores, los festivales y las conferencias, a pesar de esto, fue muchas veces juez en concursos y no se negó a recibir algunos premios –si se lo hubieran dado no se habría negado al Nobel–, fue presidente de la SADE (Sociedad Argentina de Escritores), asistió a muchas universidades para encuentros de escritores y no fueron pocas las conferencias que llegó a dictar.

Hay que entender algo en este comportamiento de Borges, él era, como bien lo dice Juan Gustavo Cobo Borda, un “Pulcro caballero victoriano que ríe a carcajadas”, es decir, descreía del éxito y del progreso, no pensaba que un escritor transformara el mundo más de lo que puede hacer un carpintero. Nunca pensó que con su literatura pudiera generar otra cosa que goce estético, ninguna revolución social estuvo en sus propósitos, por ello siempre dudaba de muchos intelectuales y escritores que en un afán de filantropía o altruismo no hacen lo mejor literariamente, pero que excusándose en sus buenas ideas humanistas, o peor, que excusados en proyectos filantrópicos lo único que desean es atraer la atención hacia sí mismos y ganar un reconocimiento que la mala calidad de su obra no respalda.

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Estos son algunos comentarios extraídos del libro Borges de Adolfo Bioy Casares (Destino, 1999), donde Borges trata de los escritores y su verdadera condición, en este diario se quitan muchas etiquetas para que el lector observe bien qué producto es el que tiene entre manos:

Otra circunstancia infausta: el proyecto del almirante Rojas, de dar dos millones al PEN Club, para celebrar un congreso de escritores, mereció, cuándo no, la aprobación unánime de la comisión de Educación de la Cámara de Diputados. Vale decir que sin plata para hospitales, para escuelas, para maestros, para caminos ni nada, el país gasta millones en la SADE y en el PEN Club. No sé qué utilidad urgente y permanente va a dejar este congreso. Lo malo es que no tengo el coraje de protestar; callo y hasta soy un cómplice activo. Por eso, entre tantas cosas, arderé en el infierno.

Después, Borges me dirá que los congresos de escritores son inútiles, y que además son perjudiciales, porque la gente cree luego que los escritores son tan vanos como los políticos; se los ve como figuras públicas, monstruos sagrados, y ya no llegan a nadie.

Gastar en estos momentos cinco millones en una empresa tan vana…». BIOY: «Casi es traición a la patria». BORGES: «Salvo que el país esté tan pobre que cinco millones menos nada signifiquen». BIOY: «Pero, ¿por qué gastarlos tan mal? ¿Por qué no repartirlos entre la gente? Harían a alguien muy feliz; en cambio con el congreso sólo mueven vanidad». BORGES: «O darlos a cinco personas. O a diez: medio millón a cada una». Ahí no estoy de acuerdo: sería un regalo simbólico. Borges no se aviene a entender que el dinero ya no vale. Me dijo los otros días que tal sociedad debía de robar, porque a él le pagaba espléndidamente las conferencias: tres mil pesos. Esa esplendidez es la quinta parte de un traje (tela nacional). «No —protesto—. Cinco millones a una sola persona, para librarla para siempre de preocupaciones y hacerla feliz».

Dieron los cinco millones para el congreso del PEN, sueño de la vida de Antonio Aita[1]. Mejor no haberle contado esto a Borges. De inmediato, asegura: «El lunes, en la reunión de la comisión, les diré que el gobierno malgasta este dinero en una fiesta de tediosa frivolidad. Es una ocasión de que los escritores den un ejemplo. Devolvemos los cinco millones. Si Aita se enoja, mejor. Si no acepta la propuesta, renunciamos».

Voy a la Biblioteca Nacional, donde hay reunión de la comisión directiva del PEN Club. Furioso porque piensan gastar cinco millones en la frivolidad de un congreso de escritores, Borges quiere persuadir a Aita de que devolvamos el dinero o renunciar a la comisión y salvarnos así del aburrimiento del congreso, the right true end. BIOY: «Desde luego, que deberás vencer la desesperada resistencia de Aita, para quien el congreso equivale al dilema ser o no ser. Ya está viendo su imagen, ya está por ser, cuando le decimos: “Renuncie”. Renunciar al congreso es renunciar a ser». BORGES: «ES como aquel personaje del cuento de James que al volver a su casa desaparece, porque sólo existía en público. Una vez, un señor le explicó a Pipina Diehl: “Lo que a mí me interesa es figurar”». BIOY: «Un poco ingenuo pero se conoce mejor a sí mismo que Victoria Ocampo[2], Antonio Aita y tantos otros».

Come en casa Borges. Le leo mi renuncia a la comisión del PEN Club y mi carta a Aita; me dicta su renuncia.

Victoria fue a decirle que si nosotros renunciábamos al PEN, ella tendría que renunciar. BORGES: «Qué raro que una persona haga responsable a otra de su renuncia. Realmente, Victoria no sabía qué quería, salvo dejar aclarado que ella era la persona más importante en esta cuestión». Dice: «La gente tiene que dar importancia a lo que hace, para justificarse. Como Jorge Mitre es director de un museo cree que los museos tienen mucha importancia para la cultura del país, lo que es evidentemente falso. Yo tengo mucha simpatía por la Biblioteca Nacional, pero si se cerrara no creería que es una catástrofe».

BORGES: «Un país no tiene por qué gastar grandes sumas en la cultura». BIOY: «Como hay que gastar en otras cosas, creen que si no gastan igualmente en la cultura la subestiman». BORGES: «Tal vez los libros, los colegios, aun las universidades, sean órganos de cultura, pero estoy seguro de que conferencias, congresos y becas no sirven de mucho. Si una persona está interesada en un tema, no hay cómo evitar que hable de ese tema. Yo di muchas conferencias gratis. No creo que fueran peores que las pagas».

Estando en Nueva York Borges dijo en un reportaje que en ese momento creía —la verdad es que estaba muy cansado— que actualmente no había en Francia ningún poeta importante. Al rato lo llamó por teléfono Saint-John Perse.

BORGES: «Bueno, nosotros no decimos que somos equilibristas. Es claro que si fuéramos equilibristas tendríamos que hacer pruebas. En cambio, un escritor escribe cuando quiere, cuando no lo ven, y nadie está interesado en leer lo que escribe. Aita, Galtier, Estrella Gutiérrez y tantos otros: escritores de sociedades de escritores, de academias, de actos públicos. Cuando se habla de cualquiera, Aita pregunta con soberbia: “¿Qué obra tiene?” y acusa a Noé, al rengo Coronado y a muchos otros de no tener obra. ¿Cuál es la obra de Aita? Un trabajo sobre la novela argentina, un estudio sobre los simbolistas (poco o nada original) y un estudio sobre la literatura nicaragüense (desde luego, inspirado en algún otro). No es un capital muy grande, pero supo aprovecharlo y aún hoy, gracias a él, tiene la profesión de escritor».

La secretaria de Victoria Ocampo  llama a Borges para preguntarle de parte de la patronne si del libro sobre Evaristo Carriego puede decir que es «un estudio sobre el poeta y su ámbito». BORGES: «¿Qué es esto? ¿Quiere lucir la frase o más bien corresponde la pregunta a una creencia ingenua de que todo tiene importancia, de que siempre puede uno cometer errores irreparables? (Muy divertido) ¿Te das cuenta, llamar para preguntar eso?». BIOY: «Victoria escribió que nos ve a nosotros, a vos, a Silvina, a mí, como conspiradores. Sin duda siente eso».

Y sobre la literatura argentina tengo dos ideas, desde luego, dos valiosas ideas: una, que es la más importante del continente y otra, que es una porquería. Bueno, son dos assets, pero nada más, no tengo nada más que decir y eso mismo es un poco contradictorio. Es claro que la del resto del continente es peor aún…

La obra de Mallea existe por la sola circunstancia de que una palabra después de otra forma una frase y de que muchas frases juntas forman un libro. Sus libros son libros como hay libros posibles si uno anota todas las terceras y séptimas palabras de las frases de la Enciclopedia Británica.

[1] Aita, Antonio (1891 – 1966). Crítico. Fue presidente del PEN Club Argentino.

[2] Ocampo, Victoria (1890 – 1979). Escritora, y fundadora de la Revista Sur, hermana de Silvina Ocampo también escritora y esposa de Adolfo Bioy Casares.

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