Epístola mortal a mi enemigo

 

Desde la torre te envío estas palabras,

Ya vamos para siete años de esta relación

y el desprecio que siento por ti

no ha dejado de crecer un sólo día.

Espero estés tan orgulloso como yo,

el odio que sentimos,

me gustaría decir mutuamente,

pero ninguna relación es perfecta

y al menos de mi parte,

he guardado y fermentado mi odio

tanto que ahora es más fino y delicioso.

He aprendido, como toda sabiduría,

a odiar con placer, todo gracias a ti.

Al principio necesitaba tenerte cerca

para encender mi rencor

y siempre cabía la posibilidad

de un encuentro violento,

de ese modo vulgar e irrespetuoso

no hubiéramos llegado a ningún lado.

Por eso me obligué a odiar desde lejos

usando la imaginación: sin hablarte ni verte,

y para que sepas que aún te odio,

para que no se te olvide,

respetuosamente, te recuerdo:

nuestra enemistad siempre estará vigente.

Tengo que ser justo,

así que si quisiera compartir mi odio

con todos a quienes amo, no podría,

es sólo para ti, mi apreciado enemigo.

Y ya que has sido tan especial conmigo,

te pido un último favor: muérete pronto.

 

 

L. C. Bermeo Gamboa

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1 Comment

  1. La verdad, este poema me recuerda a uno que reza: … érase un hombre a una nariz pegado… y así teje toda una bronca de tamaño histórico.Pero este tuyo, tiene el sabor añejo de un wiskhy irlandés, que se va fermentando y sabe bien, pasa leve por el gaznate; aunque la resaca te quiera estrangular el pensamiento y no lo logra. Dándole ese bouquet sabroso de la pasión de poder decirle lo que sientes y sublimizarlo en unos versos, que se saborean en un trago convertido en poema. Felicitaciones Lucho.
    Lucas Montero

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