Una hipótesis del infierno

Por L. C. Bermeo Gamboa

No importa vivir moderada o excesivamente lo único seguro son la muerte y los impuestos. Pero, mientras la muerte llega, hay que ir a pagar los servicios, y comprobar mi hipótesis de que: “El infierno empieza en una oficina de pagos”.

En toda oficina hay un espacio reducido, aunque profundo y terrible que llaman “Sala de espera”, algunas veces la gentileza del burócrata deja unos bancos donde el condenado pueda sentarse y esperar. Y de un momento a otro, ya no estamos en este mundo, ahora somos el campesino que en el cuento de Kafka, Ante la ley, muere sin que llegue su turno.

Y ciertamente estamos muertos, porque el tiempo en una oficina no tiene valor, es un proceso largo como la muralla china -como las filas de gente- que nos impide seguir con nuestras triviales vidas, triviales pero nunca absurdas. Y sin embargo, sobre las ventanillas de pago, nunca hace falta el reloj que nos dice, como en el poema de Charles Baudelaire: “Soy el pasado y he chupado tu vida con este hocico inmundo”.

Luego, ingenuamente creemos que tenemos sueño, pero no, estamos débiles y apunto de morir. Y uno se pregunta por qué en las oficinas no hay espejos, por una razón simple: para que nadie se vea las heridas que el tiempo les hace.

Bueno y si realmente muriéramos en una oficina, durante un robo y que en medio de una balacera cayera yo ‘inocentemente’. ¿Algún alma caritativa me pagaría el recibo o por lo menos sería noticia en el periódico? El titular diría: “Usuario asesinado en la caja 3”; eso nadie lo leería, todos se fijarían en la primera página: “Millonario asalto al Banco XXX”. Claro el genial delincuente opaca al pobre y muerto usuario.

Estoy muerto y feliz porque ya no tengo que esperar nada más, además fui lo que se dice un buen hombre, es decir, me voy para el cielo. Nada de eso, apenas llego a algún lugar del otro mundo lo primero que me encuentro es una sala de espera, una voz más de máquina que de ángel, dice: “El proceso se acaba de iniciar y usted conocerá todo en el momento oportuno”.

El lector dirá que me le estoy robando el argumento a Tim Burton en su película Beetlejuice (1988), sí pero Burton se lo robo a Kafka. Además, ya debería saber que estas son las reflexiones de un tipo que quizás nunca haya ido a una oficina, de un tipo demasiado enfermo porque nunca se para de su cama, alguien que definitivamente se irá para el infierno por pecador capital.

Un buen hombre, tal vez el lector, tendría el derecho de juzgarme y decir que también estoy muerto, ellos por esperar y yo de la pereza, aunque como decía León de Greiff: “Oh pereza que es Todo y Nada y Algo”.

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