Contra los políticos

Nos vimos obligados, en la redacción de Barbarie Ilustrada, es decir, nos dio la reverenda gana de juntar una serie de frases de tipos que poco y nada tienen que ver con la política, es decir, escritores; todo esto para contrarrestar la pedantería que por estas épocas suele tomar la gente y creer que de lo único que se puede hablar, y no sólo hablar sino solemnizar, es la importancia de la democracia; en fin esto es un poco de ácido cítrico para cortar esa leche cremosa de la opinión pública en tiempo de campaña.

Contra los políticos no se refiere exclusivamente a los que ‘ejercen’ –o quieren ejercer- un cargo oficial dentro del Estado, contra los políticos es también dirigido a todos aquellos que invaden toda su vida de una actitud politizada, donde hasta el más nimio aspecto de la existencia lo quieren reducir a estos intereses.

Desde luego debemos mejorar, pero como decía Estanislao Zuleta la vida es un conflicto no esperemos otra cosa, mínimamente intentemos vivir ese conflicto con inteligencia y reconocer que aunque la política es un sistema generalizado, hay otros pocos que son estrictamente nuestros, íntimos donde nadie puede hacernos pensar de otra forma.

Para empezar queremos traerles una selección de escolios de Nicolás Gómez Dávila un hombre que nunca levantó la voz a nadie, pero que de ninguna forma dejó de pensar por sí mismo.

— Cualquiera tiene derecho a ser estúpido, pero no a exigir que veneremos sus estupideces.

— Ser civilizado es poder criticar aquello en que creemos sin dejar de creer en ello.

— Las empresas políticas mejor concertadas, así como las más sabias medidas económicas, sólo son albures donde se acierta por chiripa.

El estadista engreído con su acierto pretende que compró a sabiendas el billete ganador.

— Cuando oímos los acordes finales de un himno nacional, sabemos con certeza que alguien acaba de decir tonterías.

— La sociedad moderna abriga el peculiar propósito de cambiar sistemáticamente las autoridades sociales por autoridades políticas.

Es decir: las instancias civilizadoras por cargos administrativos.

— Los que no queremos pertenecer a este siglo de envidia tenemos que cercenarle diariamente siete cabezas a la envidia de nuestro corazón.

— Los que pretenden abolir la alienación del hombre, cambiando la estructura jurídica de la economía, recuerdan al que resolvió el problema de su infortunio conyugal vendiendo el sofá del adulterio.

— El Progreso se reduce finalmente a robarle al hombre lo que lo ennoblece, para poder venderle barato lo que le envilece.

— Uno a uno, talvez los hombres sean nuestros prójimos, pero amontonados seguramente no lo son.

— La democracia no confía el poder a quien no le hace el homenaje de sacrificarle la conciencia y el gusto.

— Los viejos despotismos se limitaban a encerrar al hombre en la vida privada, los del nuevo cuño prefieren que no tenga sino vida pública.

Para domesticar al hombre basta politizar todos sus gestos.

— Las ideas tontas son inmortales. Cada nueva generación las inventa nuevamente.

— El pueblo no elige a quien lo cura, sino a quien lo droga.

— La salvación social se aproxima cuando cada cual confiesa que sólo puede salvarse a sí mismo.

La sociedad se salva cuando sus presuntos salvadores desesperan.

— El moderno ya sabe que las soluciones políticas son irrisorias y sospecha que las económicas lo son también.

— El mal, como los ojos, no se ve a sí mismo.

Que tiemble el que se vea inocente.

— Patrocinar al pobre ha sido siempre, en política, el más seguro medio de enriquecerse.

— El sufragio universal no pretende que los intereses de la mayoría triunfen, sino que la mayoría lo crea.

Para resultar inteligente en política, basta encontrar un adversario más estúpido.

— La educación moderna entrega mentes intactas a la propaganda.

— En un siglo donde los medios de publicidad divulgan infinitas tonterías, el hombre culto no se define por lo que sabe sino por lo que ignora.

— Ley no es lo que un acto de la voluntad decreta, sino lo que la inteligencia descubre.

— El consentimiento popular es indicio de legitimidad, pero no causa.

En el debate sobre la legitimidad del poder no cuentan ni su origen en el voto, ni su origen en la fuerza.

Legítimo es el poder que cumple el mandato que las necesidades vitales y éticas de una sociedad le confieren.

— El tonto se escandaliza y ríe cuando advierte que los filósofos se contradicen.

Es difícil hacerle entender al tonto que la filosofía, precisamente, es el arte de contradecirse mutuamente sin anularse.

— Quien se sienta vocero de la opinión pública ha sido esclavizado.

— Acostumbramos llamar perfeccionamiento moral el no darnos cuenta de que cambiamos de vicio.

— Todo individuo con “ideales” es un asesino potencial.

— La historia de estas repúblicas latinoamericanas debiera escribirse sin desdén pero con ironía.

— El “Progreso”, la “Democracia”, la “Sociedad sin clases”, fanatizan a la muchedumbre, pero dejan a las Musas displicentes y frías.

— Sólo es inteligente el que no teme estar de acuerdo con tontos.

— Todo el mundo se siente superior a lo que hace, porque se cree superior a lo que es. Nadie cree ser lo poco que es en realidad.

— Hay dos formas simétricas de barbarie: la de los pueblos que no tienen sino costumbres y la de los pueblos que no respetan sino leyes.

— La libertad, para el demócrata, no consiste en poder decir todo lo que piensa, sino en no tener que pensar todo lo que dice.

— En este siglo de amenazas y de amagos nada más frívolo que ocuparse de cosas serias.

— Hombre culto es aquel para quien nada carece de interés y casi todo de importancia.

— Los pobres, en verdad, sólo odian la riqueza estúpida.

— La estadística es la herramienta del que renuncia a comprender para poder manipular.

— El primitivo transforma los objetos en sujetos, el moderno los sujetos en objetos.

Podemos suponer que el primero se engaña, pero sabemos con certeza que el segundo se equivoca.

— Desde hace dos siglos el pueblo lleva a cuestas no solamente a quienes lo explotan, sino también a sus libertadores.

Su espalda se encorva bajo el doble peso.

— El vulgo sólo cree pensar libremente cuando su razón capitula en manos de entusiasmos colectivos.

— Para distraer al pueblo mientras lo explotan, los despotismos tontos eligen luchas de circo, mientras que el despotismo astuto prefiere luchas electorales.

— Debemos respetar al individuo eminente que el pueblo respeta, aun cuando no lo merezca, para no irrespetar la noción de respeto.

— Cada día espero menos tropezar con quien no abrigue la certeza de saber cómo se curan los males del mundo.

— La actitud revolucionaria de la juventud moderna es inequívoca prueba de aptitud para la carrera administrativa.

Las revoluciones son perfectas incubadoras de burócratas.

— Los verdaderos problemas no tienen solución sino historia.

— El que es partidario de la igualdad sin ser envidioso, sólo puede serlo porque es bobo.

— La tolerancia consiste en una firme decisión de permitir que insulten todo lo que pretendemos querer y respetar, siempre que no amenacen nuestras comodidades materiales.

El hombre moderno, liberal, demócrata, progresista, siempre que no le pisen los callos, tolera que le empuerquen el alma.

— Hallarse a merced de los caprichos populares, gracias al sufragio universal, es lo que el liberalismo llama garantía de la libertad.

— La demagogia deja pronto de ser instrumento de la ideología democrática, para convertirse en ideología de la democracia.

— Sostener que “todas las ideas son respetables” no es más que una inepcia pomposa.

Sin embargo, no hay opinión que el apoyo de un número suficiente de imbéciles no obligue a aguantar.

No disfracemos nuestra impotencia en tolerancia.

El individuo se declara miembro de una colectividad cualquiera, con el fin de exigir en su nombre lo que le avergüenza reclamar en el propio.

Para una sociedad que vive entre estadísticas, sospechar que cada unidad es persona única y destino propio resulta perturbador y alarmante.

— No tratemos de convencer; el apostolado daña los buenos modales.

— La democracia es el régimen político donde el ciudadano confía los intereses públicos a quienes no confiaría jamás sus intereses privados.

— Bien común, voluntad general, necesidad histórica, son los nombres con que el adulón de turno bautiza los caprichos de la fuerza.

— Los tontos creen que la humanidad sólo ahora sabe ciertas cosas importantes, cuando no hay nada importante que la humanidad no haya sabido desde del principio.

— El hecho clave de este siglo es la explosión demográfica de las ideas bobas.

— El pueblo fue rico espiritualmente hasta que los semi-educados resolvieron educarlo.

— Los problemas sociales son el refugio delicioso de quienes huyen de sus propios problemas.

— Los partidarios de la sociedad igualitaria suelen ser siempre chiquitos.

— Las naciones tiene dos modalidades nobles de existencia: ascenso o decadencia, y una modalidad vulgar: prosperidad.

— Razón, Progreso, Justicia, son las tres virtudes teologales del tonto.

— Ser moderno no es haber superado los problemas de ayer, es creer haberlos superado.

— La sociedad moderna está aboliendo la prostitución mediante la promiscuidad.

— Ser moderno es ver fríamente la muerte ajena y no pensar nunca en la propia.

— Las ideologías se inventaron para que pueda opinar el que no piensa.

— El porcentaje de electores que se abstienen de votar mide el grado de libertad concreta en una democracia.

Donde la libertad es ficticia, o donde está amenazada el porcentaje tiende a cero.

— Un destino burocrático espera a los revolucionarios, como el mar a los ríos.

— Donde oigamos, hoy, las palabras: orden, autoridad, tradición, alguien está mintiendo.

— El moderno se niega a sí mismo toda dimensión metafísica y se juzga mero objeto de ciencia.

Pero chilla cuando lo exterminan como tal.

— Se acabó con los analfabetos, para multiplicar a los iletrados.

— Hay que aprender a ser parcial sin ser injusto.

— Al demócrata no le basta que respetemos lo que quiere hacer con su vida, exige además que respetemos lo que quiere hacer con la nuestra.

— Las ideas que menos influyen en política son las políticas.

— Ninguna clase social ha explotado más descaradamente a las otras que la que hoy se llama a sí misma “estado”.

— La actual alternativa democrática: burocracia opresora o plutocracia repugnante, tiende a abolirse.

Fundiéndose en un solo término: burocracia opulenta.

A la vez repugnante y opresora.

— El moderno no admitirá jamás que la estupidez compartida por muchos no sea respetable sino meramente temible.

— Mientras más complejas sean las funciones que el estado asume, la suerte del ciudadano depende de funcionarios crecientemente subalternos.

— El estado moderno es pedagogo que no licencia nunca a sus alumnos.

— Ningún cuento popular comenzó jamás así: érase una vez un presidente…

— Los museos son el invento de una humanidad que no tiene puesto para las obras de arte, ni en su casa, ni en su vida.

— La unanimidad, en una sociedad sin clases, no resulta de la ausencia de clases, sino de la presencia de la policía.

Las sociedades moribundas acumulan leyes como los moribundos remedios.

— El derecho al mando fue el tema central de la política, ayer.

Las técnicas de captación del mando son, hoy, el tema central de la política

— El sufragio universal no reconoce finalmente al individuo sino el “derecho” de ser alternativamente opresor u oprimido.

— Cada día le exigimos más a la sociedad para poder exigirnos menos.

— La plétora de leyes es indicio de que nadie sabe ya mandar con inteligencia.

O de que nadie sabe ya obedecer con libertad.

— Mientras las diversiones sean suficientemente vulgares nadie protesta.

— No nos quejemos del suelo en que nacimos, sino de la planta que somos.

— La sociedad moderna sólo respeta la ciencia como proveedora inagotable de sus codicias.

— Fomentar artificialmente las codicias, para enriquecerse satisfaciéndolas, es el inexcusable delito del capitalismo.

— La libertad legal de expresión ha crecido paralelamente a las servidumbres sociológicas del pensamiento.

— La ciencia política es el arte de dosificar la cantidad de libertad que el hombre soporta y la cantidad de servidumbre que necesita.

— Los hombres se reparten entre los que se complican la vida para ganarse el alma y los que se gastan el alma para facilitarse la vida.

— El mundo moderno no será castigado. Es el castigo.

— La creciente libertad de costumbres en la sociedad moderna no ha suprimido los conflictos domésticos.

Tan sólo les ha quitado dignidad.

— El estado es totalitario por esencia.

El despotismo total es la forma hacia la cual espontáneamente tiende.

Totalitarismo es la fusión siniestra de religión y estado.

— Confundir lo popular con lo democrático es ardid táctico del demócrata.

— Las revoluciones espantan, pero las campañas electorales asquean.

Para descargar los Escolios de Nicolás Gómez Dávila: http://www.4shared.com/file/VfZeRO3g/37_Escolios_a_un_texto_implcit.html

En la próxima entrega una nueva selección.

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