Lecturas Perjudiciales

Rocksarium: El Mito, La Industria y El Artista.

In Música on 12 julio, 2011 at 1:10 PM

Más allá del Rockstar y sus excesos está la bien establecida lógica del mercado. Sexo, drogas y rock’n roll, la otra triada.

Por Luis Carlos Bermeo Gamboa

No me gusta iniciar nada de forma solemne, siempre voy al acto. Pero ahora quiero dar gracias, como decía el poeta, por la música, misteriosa forma del tiempo. Algunas personas, como yo, asumen la música como una religión, espero se comprenda este catecismo.

Es algo en sí mismo, la música no vale la pena meditarla, su función se justifica con sólo escuchar devotamente. Lo que sí nos obsesiona y sobre lo que necesitamos saber son las vidas de los músicos, nos es irresistible preguntarnos en qué estado se encontraba el hombre o la mujer para componer eso tan profundo o cómo una melodía a veces tan simple se inmortalizó. ¿Nadie se ha preguntado jamás por qué el famoso tatata tán, tatata tán, de Beethoven todavía nos impresiona?

Ya en el renacimiento italiano la gente murmuraba que ese cura rojo, como llamaban a Vivaldi, tenía algo sospechoso, porque era pelirojo y dirigía una orquesta sólo de intérpretes femeninas y además dizque le había compuesto un oratorio en Re menor a una tal Gloria. Eso hacía que su música llamará más la atención de quienes normalmente no buscaban este entretenimiento, luego entonces sus presentaciones se llenaban menos de amantes de la música, que de ávidos curiosos.

A quien sí le armaron toda la película o para la época sería la novela, fue a Paganini, un tipo que fue pionero en eso de los espectáculos musicales porque cuando hacía sus conciertos solía tocar a una velocidad desconcertante su violín, que además tenía una sola cuerda. Luego cuando tocaba uno de cuatro cuerdas el público estaba lo bastante aterrado para decir a la salida que algo así sólo lo interpretaría el mismísimo demonio. Así no más Niccolo Paganini, un músico que estudió violín desde los cuatro años y que a los ocho ya hacía giras por toda Europa, se convirtió de la noche a la mañana en un hombre que había pactado con Satanás. Si esto hubiera ocurrido en nuestro siglo habría vendido millones de copias y sería uno de los 101 hombres más ricos del mundo, incluso tendría alguna fundación para ayudar a los niños víctimas de las minas. Pero no ocurrió así, aunque sus conciertos sí se llenaron y su música todavía pega.

El Caso Paganini fue lo que hoy conocemos como el de un Rockstar, alguien que ha construido su fama no por el arte sino por el mito y la industria que lo ampara. Evidente sobre todo en el rock, porque nadie más estereotipado para el escándalo que un rockero. Las historias son innumerables, los excesos aberrantes, el dinero exorbitante, las vidas más extrañas y en la mayoría de los casos normales. Todo esto puede llevarlo a preguntarse, ¿si son tan famosos y ricos por qué siguen tocando y cada día salen cosas relacionadas más con el mercado que con el arte? Deberíamos rezar cuenta por cuenta un rocksarium haber si se revela el misterio.

(Espera en la próxima entrega, la cuenta uno de Kiss)

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