Unas Palabras Aquí Hoy

(Discurso pronunciado en el lanzamiento del “Libro de pan”)

UNA TARDE DE 1931, EN SEPTIEMBRE, FEDERICO GARCÍA LORCA DIO UN PEQUEÑO DISCURSO PARA LA INAUGURACIÓN de la primera biblioteca en el pueblo de Fuente Vaqueros en Granada, ese día exaltó dos verdades fundamentales, que yo quiero también reivindicar. Aquí Hoy.

La primera verdad está formulada bella y humildemente de está forma, dijo García Lorca: No sólo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro. Creo que allí está una de las razones por las que la poesía no solo es un objeto más de decoración para la cultura, es sobre todo porque la poesía es un alimento tan esencial que hay hombres que habiéndose llenado de poesía, no les importó morirse de hambre. Demos un caso, para mí el más significativo, de César Vallejo por cuya obra padezco una angustia de la influencia que en arte es una enfermedad de la imaginación. Para este poeta su debilidad y la de los humanos, esa desgana que produce la falta de fuerza, espíritu, alma, o de entusiasmo como diría Hölderlin, César Vallejo la dijo de una forma que conmovería a cualquier cristiano:

Yo nací un día
que Dios estuvo enfermo,
grave.

Por eso Lorca decía a la gente de aquel pueblo que sentía mucha más lástima de un hombre que quiere saber y no puede, que de un hambriento. Porque la agonía física, biológica, natural, de un cuerpo por hambre, sed o frío, dura poco, muy poco, pero la agonía del alma insatisfecha dura toda la vida.

 

Al margen de eso, he pretendido aquí mostrar mi amor, no mi talento pobre para la poesía que en el mejor caso se presenta como lírica o cotidiana, e intelectual en el peor. Aquí canté el Pan, no tanto al Dios que Alceo, Homero, Ovidio, Keats, Shelley, Goethe, Hölderlin y Darío cantaron en principio, canto más ilimitadamente a la palabra que ya Heráclito había formulado en Hen Kai Pan, de las cuales Hen es lo uno, y Pan es el todo, todo en uno. En griego παν, totalidad.

***

Para muchos la fortuna que el azar otorga consiste en estar en el lugar y hora adecuados. Para otros, la suerte se determina por cada uno de los actos que hacemos, una cosa lleva a la otra. Pero a mí me gusta pensar como Borges, para quien todo está diseñado de antemano para que nosotros interactuemos como actores shakesperianos, por eso decía que la puerta es la que elige no el hombre, entonces la vida que uno está viviendo se definió hace mucho en una decisión-acción, antes de que nuestra conciencia fuera clara, antes de que tuviéramos voz y voto, y en mi caso yo le debo mi futuro a la decisión de una niña llamada María Eugenia Gamboa que a sus 17 años supo dejarme en la puerta que se había abierto para mí, yo, ahora, creo que hubiera hecho lo mismo que ella.

He argumentado algo a favor de la poesía, pero a favor de la publicación de libros de poemas, no.

Ya decía Oscar Wilde que la ambición es el último refugio del fracaso, en ese caso ningún libro por lo menos este que hoy pongo en sus manos parte de una necesidad económica y mucho menos con esperanza de solventarla.

Vivo con mi esposa y dos perros con nombres macondianos, tenemos deudas cada uno por su lado, mis padres tienen también, los de ella igual. Nos gusta consentir los sentidos con buena comida y alcohol, salir con amigos y todas esas delicias que en la juventud son esenciales. Además, tenemos que llevar ese conflicto amoroso que nos une y nos hace perder los sentidos. Claro también están los estudios formales, que tanta fama y mercado tienen, si todo esto está en juego ¿por qué escribir y no ponerse a buscar un trabajo rentable que me haga quedar como un buen sujeto? Ah, porque sin la escritura, sin el tiempo extenso y despreocupado para leer, esas dos formas del mismo alimento, no podría, no sería capaz, de llevar con un mínimo de cordura la vida que les acabo de describir. Además, como lo dijo el último invitado latinoamericano en su ceremonia de Estocolmo, Mario Vargas Llosa, Si para que la literatura florezca en una sociedad fuera requisito alcanzar primero la alta cultura, la libertad, la prosperidad y la justicia, ella no hubiera existido nunca.

Publicar consiste, al menos, cuando se piensa en formar una obra literaria a través de los años, en dejar en manos de los lectores la conclusión del libro, que ellos acaben por darle vida o muerte si es el caso, mientras tanto el autor ya está en otro proyecto y así sucede, por lo menos con quien les habla.

Si hay futuro en lo que escribo, eso no me gusta pensarlo, me entretiene la ilusión de seguir escribiendo, aunque tengo mis dos contras, porque soy de los supersticiosos que invocan lo malo para poner en alerta lo bueno, por eso me repito esos versos de Borges a un Poeta menor: La meta es el olvido/ yo he llegado antes. También ese sensible consejo de Samuel Beckett de que nuestro deber es fracasar e intentarlo de nuevo, y luego ir fracasando cada vez mejor.

***

Una de mis aficiones son las teologías y me deleita especular sobre la que me inculcaron de niño y de la que abjuré por la imaginación. Siempre he concebido el universo como un juguete de algún niño divino y eterno, que llaman Dios. El niño dios está jugando con el universo, ya que mientras los hombres maduran rápido, el niño dios tardará eternidades de infancia para alcanzar la madurez.

Como todo niño es cruel y las reglas del juego nos rigen a su albedrío que es como el azar, estamos en tiempos de la infancia de Dios, será que cuando este niño madure hará como todo adulto que se arrepiente de las estupideces infantiles, o será que en medio del juego se le pierda el universo o en un ataque de irá lo destroce para hacer uno nuevo que le agrade más. Bueno eso es lo se llama especulación literaria.

Para terminar, un poema del Libro de Pan, que a lo mejor dice todo lo que acabo de decir sin excederse en verbos:

La Búsqueda

Cuando por fin lo encontré,

Dios jugaba a ser niño.

De pronto me dio su humanidad

y dijo: “tómala, si sangra te la regalo”.

Muchas Gracias,

L. C. Bermeo Gamboa

Diciembre de 2010

Nota: en el trecho que lleva de escrito lo anterior han sucedido dos cosas que modifican los hechos, pero no el sentido del texto; a) estoy separado de mi esposa, b) uno de mis perros murió en enero pasado.

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