Lecturas Perjudiciales

Testimonio Crítico de/hacia Aníbal Arias

In Críticas on 3 julio, 2011 at 7:38 PM

Aníbal Arias uno de los mejores poetas afrodescendientes de Colombia.

(I)

 Ad ora ad ora

 m’insegnavate come l’uom s’etterna.[1]

Dante

(Canto XV, Inferno)

 

Una vez, con la ignorancia menos documentada que ahora, interrogado por el tenebroso academicismo al que fui expuesto en la universidad, llegué a la biblioteca y le consulté a Aníbal Arias, como suele hacérselo a un diccionario o a Google: “¿Qué es la cultura?”  Y con firmeza me respondió: “Eso no se define, la cultura es un acto inconsciente”. Tiempo después leyendo su libro Peces Brujos (1991), hallé en un poema esto:

Las mujeres recogen las faldas floreadas

ventean con las moñas apretadas al pescuezo

los hombres apuran tazas de arrocillo

y en esos gestos el ayer les queda en el presente

velando el sueño

donde el zarande huele para no olvidar

La poesía se acerca a definiciones más allá de la razón o no definen, sino descubren formas de la sensibilidad, por eso Nicolás Gómez Dávila decía que las ideas nuevas ocasionan remolinos en la historia, pero sólo las sensibilidades nuevas cambian su curso. Acerca del magisterium en la creación literaria escribió George Steiner que surge de manera formidable con la adopción espiritual, demos los casos de Sócrates y Alcibiades donde el discípulo llevado al extremo por esa libido sciendi quiso seducir sexualmente a su maestro, poco podemos decir de Platón quien hizo del maestro su obra. También con James Boswell quien escribió Vida de Johnson, sobre su maestro el Doctor Samuel Johnson, allí encontramos esos legendarios diálogos de dicipulazgo, escribe Boswell:

A mi pregunta, referente a sino podríamos fortificar nuestras mentes ante la proximidad de la muerte, él respondía, con pasión: “No, señor, ni mucho menos. No importa cómo muere un hombre, sino como vive. El acto de morir no tiene importancia, su duración es escasa”.

Maestro, Maitre, Amauta, y discípulo: viejo arquetipo. Eckermann y Goethe, Gustave Flaubert y Guy de Maupassant, Schopenhauer y Nietzsche, Husserl Y Heidegger, Borges y Bioy Casares, Alfonso Reyes y Octavio Paz, esto, junto a las contadas excepciones de maestros universitarios tipo Pedro Henríquez Ureña, Witold Gombrowicz, José Carlos Mariátegui, es algo radicalmente distinto a la cátedra académica donde el conocimiento cuando no se burocratiza se reciente. Era Goethe quien decía, con desprecio del mundo académico, El que sabe hacer una cosa, la hace. El que no sabe, la enseña. Por eso serán muchos los discípulos, como yo, que me respaldarán con anécdotas mucho más trascendentales, en incluir dentro de esta nómina al poeta Aníbal Arias.

(II)

En 1977 la Universidaddel Valle publicaba una revista con textos de los que tal vez hayan sido cuatro de los más grandes magisterios de Cali, mientras Estanislao Zuleta escribía que cuando murió Friedrich Hegel el rector de la Universidadde Berlín dijo: Dios en su infinita bondad nos ha enviado, primero, a su Hijo Jesús para redimirnos, y luego a Federico para que nos explique su obra.  Enrique Buenaventura partía de la obra teatral La Diestra y de Brecht para decir que La sociedad capitalista es anti-científica y por ello es mitificadora. Allí, Jesús Martín Barbero definía los nuevos, o reales, sentidos cuando decía: El ojo no ve lo que cree ver. El lenguaje no dice lo que dice. El sujeto no es más que diferencia lograda con objetos.  Entre esos discursos, aún vigentes, latía con nueva sensibilidad y con una estética muy personal la poesía de Aníbal Arias, tenía allí entre otros, estos versos:

En el hotel un enano da los turnos

Piezas hacinadas

Los trapos de limpiarse el sobaco

Pasan de mano en mano

De su opera prima, Datos (1977), el poema Quince con Nina, escrito con fiereza en la Cali de entonces que hasta hoy lo acoge, pero el poeta había nacido en 1948 y el pueblo Barbacoas (Nariño) de diez ríos lo recibió y alimentó con sus peces, con su imaginería mezcla de cultura andina: agricultores, labradores, taladores; cultura pacífica: pescadores, mineros, aserradores. El universo del poeta ya estaba configurado al llegar a la capital del valle, allí el paisaje urbano, la bulla y la charnaga/mujeres y ron, habría de robarle por un tiempo la nostalgia de su comarca, aunque siempre el gusto de la comida de su tierra sobresalía como recuerdos de un risible/deleite/en la taberna, el sabor esa húmeda forma de la memoria y que con el sabor de no olvidar/cuentan y recuentan/historias sumamente largas.

La poesía de Aníbal Arias, desde sus inicios, en parte por observar la vida desde lo básico, en parte por considerar la expresión como un hecho y no como un acto, algo que en sí mismo es y no algo que mediante instrumentos busca ser, de ahí que Borges reiterara a James Whistler diciendo El arte sucede, así mismo sugería Gómez Dávila que de lo importante no hay pruebas, sino testimonios, el poeta es un biógrafo por excelencia en tanto toda su obra es un ejercicio de individualidad y tarde o temprano ocurre, acaece, pasa, es.

 (III)

 El afán de lo básico, en términos de Heidegger: la poesía es el nombrar fundacional del ser y la esencia de todas las cosas, para Aníbal Arias es lo elemental es algo visible e inútil, que no es práctico y por ende niega la acción, la razón instrumental que menta Theodor Adorno, la deshumana sistematización de los dones en mercancía de cambio, así en Para que vean, la experiencia es algo que es irreductible a la teoría:

A veces sucede que no hay argumentación

lo bastante sólida para hacerme convencer

se quiebran la cabeza

me ponen las cosas al derecho y al revés

hacen comparaciones y ejemplos elocuentes

de una probabilidad irrefutable

de todo ésto me dicen

lo elemental es lo difícil

luego por mi cuenta y riesgo

ensartando una aguja me saco un ojo.

Su obra rompe con los esquemas de lo lírico y lo prosaico, diremos con Harold Bloom que su obra está en el Genio, es decir, su libertad para el yo creativo, para la expansión de la conciencia de sí misma, el marcado carácter de Arias impregna de tal forma la palabra que podemos decir como Walt Whitman, genio tutelar, Esto no es un libro, quien lo toca, toca a un hombre, yo lo puedo sentir como en estos versos de Suena la campana:

Hoy entierran al muerto

y él no lo sabe

yo soy la muerte le dice la muerte

y usted es el muerto

y sépalo que no se puede hacer nada.

 

La nueva poetadumbre colombiana, llamada así por Juan Gustavo Cobo Borda, es la generación de poetas de la década del 70, donde incluye a los Nadaístas y entre otras personalidades a Mario Rivero y a Aníbal Arias forzosamente unido a la línea Nadaísta cuando menciona características como: sorpresivo humor negro, unas dosis de absurdo, realmente imprevistas. Si miramos la obra de Arias desde el limitado discurso fundado por Gonzalo Arango, que escribió bajo esas ideas y por fortuna su poesía las supera, hallaríamos lo que Cobo Borda menciona, su postura como él mismo aclara está demarca en un decenio, tal como Cyril Connolly en Enemigos de la Promesa, pero la apuesta poética de Aníbal Arias es de largo aliento y haber leído su primer libro sin la debida descontaminación Nadaísta no es excusa, pasada la moda queda lo perdurable y un poema como Gratos Recuerdos:

En el aniversario de boda

la novia

contempla los retratos

revive detalle a detalle

los ratos más queridos

mientras su marido

viejo borracho

en el bar acostumbrado

sienta dos putas

en sus piernas.

 

A todos parecerá verídica su poesía, como en Mesada, lo es, a muchos les parecerá aún soez, como en Hijueputas malparidos, lo es, a otros demasiado cotidiana, como en  Con algún objeto, lo es; para Nietzsche, vale la pena recordarlo, el buen poeta del futuro expondrá sólo lo real y en ello hay una crítica aunque no lo parezca, lector asiduo de Friedrich Hölderlin cuyo Hiperión determinó en mucho la redacción del Zarathustra, libros a medio camino entre poesía y filosofía. El real vitalista  que era Nietzsche sabía que los extremos líricos de su predecesor, más temprano que tarde redundarían en trivialidades cursis, versificaciones etéreas y vacuas, entonces llegado ese momento por oposición la poesía vendría a revelarse y ser algo real  y objetivo por exceso de sueño y subjetividad, murió sin ver cumplido su vaticinio. De lo contrario hubiera conocido a Gottfried Benn que abrió el Siglo XX con su libro Morgue (1912), definitivo en la tradición que sigue la estética que vemos en la poesía de Arias, en Pabellón de Parturientas de Benn:

“¡Empuje Usted, mujer! ¿Entiende, sí?

No está aquí por diversión.

No alargue la cosa

¡También salen excrementos en este aprieto!

No está aquí para descansar

No viene solo. ¡Usted tiene que hacer algo!”

Por fin llega: azulado y pequeño.

Orina y heces lo ungen.

 

De once camas con lágrimas y sangre

los gemidos le dan la bienvenida.

Sólo en dos ojos estalla un coro de júbilos al cielo.

 

Por este pequeño pedazo de carne

pasará todo: desolación y felicidad.

Y cuando muera entre estertores y sufrimientos,

otros doce dormirán en este pabellón.

 

Encontramos aquí, los fundamentos de la poesía moderna, algo que inicialmente logro vislumbrar, en Colombia, la certera e irreconciliable crítica de Rafael Gutierrez Girardot, en Aproximaciones afirma que: En ninguno de los líricos que postulan y practican la poesía de y para el “hombre de carne y hueso” (el lema se encuentra ya en Georg Büchner, pero sin connotación sentimental-vulgar) o la que ha de escribirse atendiendo a la boca de los inocentes rústicos o la que ha de ser “comunica­ción”, se encuentran poemas de tanta intensidad y profundi­dad humanas, de tan inmediata comunicación, de tan trans­parente visión de la condición desnuda del hombre como en Gottfried Benn, comentario que bien puede anexarse a la obra de Aníbal Arias, como en Lenta agonía:

El olor a cirio derretido

frente al muerto retrato de los abuelos

él por ejemplo

cabeza alta

aún su dedo señala el bien y el mal

ella buena señora

moviendo la quijada entre balbuceo y balbuceo

algo parece decir de esa lenta agonía.

 

Si de la colombiana hablamos, Aníbal Arias hace parte de una tradición poética más empeñada en definir con precisión los límites del país de Jauja, en un paisaje literario, que en palabras de Nicolás Gómez Dávila, está lleno de mediocridades deliciosas e insoportables excelencias. Ahora puedo decir que estoy de acuerdo cuando Cobo Borda, describe a Arias como una brusca ruptura, al no guiarse por una subjetividad maniquea, sino por el carácter, optó por ese elemento que a veces hace falta en tantos de nuestros poetas estratosféricos, algo de lo que carecen el tipo de poeta químico que Witold Gombrowicz ataca porque no toma como punto de partida la sensibilidad del hombre común sino la de otro poeta, una sensibilidad “profesional” y, entre los profesionales, se crea un lenguaje tan inaccesible como los otros dialectos técnicos; ese algo fundacional que caracteriza la poesía de Aníbal Arias es el sentido común que lo hace pronunciar principios estéticos como el sueño en este momento es realidad, los poetas han vuelto a entrar al mundo real, aunque primero hubo de autodenigrarse con una imprecación: Solemne hijodeputa/ese soy yo/ verdaderamente soy un santo, tan aplicable a ciertos comportamientos y poses de muchos poetas célebres, pero como moderno un poeta  hoy es a la vez un crítico de la poesía de esa barbarie ilustrada que habita en los círculos literarios.

(IV)

La pose más difícil es la natural, aquella para la que no se posa, decía Oscar Wilde, así le sucedió a Charles Bukowski y a sus prosélitos cada uno más impostado que el otro, los “Buk” como se hacían llamar imitaban todas la excentricidades y licencias del maestro y además escribían como él, sólo una cosa les faltaba: ser naturales como Bukowski. Aníbal Arias tiene como el creador de Henry Chinaski y escritor de Factotum, esa tendencia a un realismo sucio, o como, a su modo, lo llamara Roberto Bolaño el infrarrealismo. El primero  dice: Ni siquiera esperan mi último suspiro/es gente de buena fe/ me ahogan con la almohada. El Segundo dice: Cuando pienso en mi muerte/ pienso que alguien te hace el amor/ cuando no estoy. El tercero dice: Cualquier gesto con las manos se transforma en piedad.

 

La poesía de Aníbal Arias, sospecho, que a algunos no les parecerá poesía, la criticarán en últimas de elemental, como la vida, natural como la buena muerte, aparte de inaceptable para el mortal que pretenda ser más que eso.

Luis Carlos Bermeo Gamboa

Yumbo, noviembre de 2010


[1] Hora tras hora / me enseñabas que el hombre se hace eterno.

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  1. Luis Carlos, felicidades por tu sitio. muy buen artículo.
    No todo en este pueblo es esterilidad, bochinche, corrupción, polítiqueria y mucho mas…

    También lo cultural se abre espacio en medio del desierto.

    Arq. Isaac

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